UNA COMISIÓN PARA MI REELECCIÓN

La anticorrupción convertida en una bandera electoral es algo que los peruanos deberíamos ver con escepticismo cuando no con preocupación. 19ago15bokMuchos de los que levantan ese gallardete y señalan a los que no los aplauden como débiles, cómplices o impunes, sólo buscan titulares, primeras planas o espacio en los programas televisivos para dar una imagen que sin ese escandalete jamás hubiera surgido.

Y es, sin duda, el Congreso de la República, uno de los espacios más propensos para incubar este tipo de prácticas. La razón es muy sencilla y tiene que ver con la coyuntura en la que nos encontramos; la elección o, mejor dicho, la reelección de los señores padres de la patria. Esta se está convirtiendo –si no lo ha hecho ya- en un escenario circense en el que desfilan cada cual con mejor traje llevando sobre una pica la cabeza de quien sea y por lo que sea. Todo vale con el propósito de agenciarse una foto, una primera plana, una entrevista o unos minutos en la televisión.

Pero el Congreso no es el único. Allí están también los nuevos o viejos partidos y sus nuevos o viejos candidatos. Cuanto menos ideas y menos propuestas, más grande, más importante y más escandaloso debe ser el “corrupto”. El pueblo quiere circo y el estandarte de la anticorrupción siempre otorga lozanía, elocuencia y respaldo de un elector frustrado y dispuesto siempre a apedrear a nuestra frágil institucionalidad democrática.

Los politiqueros han identificado bien la “atracción” de estos temas. Basta con mencionar la palabra corrupto para parecer inmaculado. Basta con decir allá va el ladrón para llevar las miradas hacia un lugar distinto y lejos de dónde se está.

Por eso si alguna esperanza existe hoy, con la nueva elección de una mesa directiva distinta y distante del Ejecutivo, es poner al Congreso a trabajar en lo urgente: La reforma política. Allí están: desterrar el voto preferencial, aprobar el financiamiento de los partidos, darle una cámara más –obviamente sin más congresistas ni más presupuesto– al Congreso y consolidar las elecciones primarias en día y hora para todos los partidos políticos por igual.

Nadie pretende que un poder del Estado como el Legislativo abdique en modo alguno a su deber y obligación de fiscalizar pero no seamos ingenuos. ¿Qué van a fiscalizar en los siguientes seis meses?¿Qué es de vida o muerte antes de abril del 2016?¿Qué congresista podrá dedicarse a investigar de manera equilibrada, seria, desapasionada y sin caer en la tentación de usar esa investigación para catapultar su propia imagen y querer sacar así ventaja de sus oponentes dejando de lado temas verdaderamente importante para el país?¿Cómo se evitará que una investigación no se politice en medio de una campaña presidencial y congresal?

La política es demasiado importante y demasiado influyente en el quehacer nacional como para dejarla al libre albedrio de la voluntad congresal y, menos aún, en medio de una competencia electoral. Lo que hay que exigir son las conclusiones de las comisiones de investigaciones existentes. Nada de extensiones o de más tiempo. Las comisiones investigadoras no deben convertirse en comité de reelección de nadie. Eso sería una barbaridad.

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