TAREA NO CUMPLIDA

El pasado viernes 12 de setiembre se conmemoraron 22 años de la captura de Abimael Guzmán -cabecilla de Sendero Luminoso- y el inicio de la debacle de este criminal grupo terrorista. La derrota se produjo gracias a una estrategia que tuvo dos dimensiones principales: La alianza de las Fuerzas Armadas con las comunidades campesinas en el campo y la inteligencia policial para perseguir a los cabecillas y atraparlos. Hoy, si bien la mayoría de los delincuentes terroristas han caído abatidos o están purgando prisión, existe una tarea no cumplida que gobierno tras gobierno se ha soslayado o no se ha querido enfrentar.

 

Quizá por la forma como el gobierno de Alberto Fujimori terminó, arrastrado por un escándalo de corrupción descomunal, la exacerbación y agitación política han imposibilitado ver con frialdad suficiente lo que significó: la irrupción terrorista, desde el punto de vista del daño causado a la sociedad y, desde la perspectiva del Estado, los aciertos y virtudes que a la postre nos permitieron enfrentar al enemigo y vencerlo.

 

No se han interiorizado ni institucionalizado los aspectos ejemplares, por el contrario, en muchos casos, se ha satanizado, injustamente y bajo criterios políticos, a las fuerzas armadas y a la policía nacional.

 

En el fondo ha existido y existe una narrativa que lejos de condenar y rechazar al terrorismo ha querido convertirlo en una forma de respuesta al descontento social, la expresión de la lucha de clases o el mesianismo oportunista de sus cabecillas.

 

Ese indispensable reencuentro entre la victoria sobre el terror y los actores de esos acontecimientos no se ha dado. Más difícil aún porque el líder más conspicuo en esa lucha purga condena por los crímenes del Grupo Colina.

 

Y estas reflexiones resultan aún más punzantes cuando organizaciones como el Movadef, neo fachada de Sendero Luminoso, reescriben y deforman la historia nuevamente con el mismo propósito que antes; es decir, convencer a jóvenes o a desprevenidos. Y entonces es ahí donde la tarea no cumplida por el estado, por los políticos, por los medios y por la sociedad en general, se enfrenta a un vacío. No hemos sabido explicar con la contundencia suficiente qué fue el terrorismo, cuánto daño causó y cómo nos alejó de esa promesa de país que todos queremos.

 

Resulta doloroso pensar que para una buena parte de jóvenes peruanos la imagen del atentado del 11 de Setiembre del 2001 en Nueva York y la figura de Osama Bin Ladem están más asociadas al terrorismo que el atentado del 16 de Julio de 1992 en Tarata, Miraflores y su cabecilla Abimael Guzmán. Ese es un lujo que no podemos darnos. Por el contrario, corresponde a quienes vivimos, tenemos memoria y no queremos retroceder en la historia hablar con esos jóvenes, explicarles lo que fue Sendero y cómo casi destruyó nuestro país.

 

Una nación jamás tendrá futuro si no es capaz de revisar su pasado para sacar lecciones. Nuestra historia de violencia terrorista ha sido enorme y por lo tanto hay que ponerla en valor para no repetirla. Esa es la tarea no cumplida.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso 13.9.14

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