Por un pelo

Mayo y Junio fueron meses de intenso trabajo para el Director del Penal de Lurigancho, Coronel PNP Tomás Garay.  Totalizando 23 requisas logró incautar seis granadas de guerra, 336 municiones, seis armas de fuego, una docena de laptops, dos teléfonos fijos,  500 celulares, chips, drogas, licor, 600 gallos de peleas, gallinas y cabras, e intentó poner orden en el centro de reclusión más corrupto del país. No satisfecho con ello, y terco, continuó y al amparo de la legislación -que le faculta a velar porque “el interno cumpla con las normas de disciplina y aseo”- ordenó hacer un corte de pelo a la población penal.  Esta medida no fue “bien vista” por un grupo de “capos” cuya paciencia había sido colmada, y tampoco por el  director del INPE, Luis Pérez Guadalupe que, lejos de respaldarlo, decidió bajarle el dedo.

 

Pérez Guadalupe seguramente no quiso contradecir al Ministro de Justicia, Juan Jiménez, que vaticinó la salida de Garay diciendo: “No ayuda al trabajo que se viene realizando en las cárceles del Perú”, ni tampoco al Jefe del Programa de Asuntos Penales de la Defensoría del Pueblo, José Ávila, que recomendó: “dejar sin efecto la decisión, por considerarla humillante y degradante”. La Dirección de la Policía decidió así relevar a Garay de su mando bajo el eufemismo de “abrirle investigación”.

 

El hecho despertó la indignación de la opinión pública que se manifestó inmediatamente en contra de este atropello bajo la sospecha de la existencia de “oscuros intereses”. Paradójicamente los propios internos, representados por sus 24 delegados, se pronunciaron a favor del retorno de Garay. La Comisión de Defensa del Congreso pidió también la restitución de Garay y los congresistas Cuculiza, Salazar,  Iberico  y Alcorta exigieron explicaciones al Ministro de Justicia y al propio Raúl Salazar, Director de la PN, quienes tan pronto vieron el tsunami sobre sus cabezas recularon su torpe decisión.  Tomás Garay fue restituido y está nuevamente en la dirección del penal más complicado del Perú.

 

Quedó claro que Garay salió fortalecido y Pérez Guadalupe quedó magullado. También lo está, el Ministro Jiménez, que lejos de ayudar al Gobierno le abrió un flanco innecesario, inoportuno y absurdo.  Aquí hay errores politicos y eso en política solo se paga de una forma. La ciudadanía espera ver cambios este Julio y no a los que lograrán salvarse por un pelo.

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