En la vida hay tiempo para todo

Las últimas encuestas de opinión, en las que Ollanta Humala sigue cayendo, hacen indispensable analizar quien influye más en las decisiones del Jefe de Estado.

 

Es cierto que una pareja joven y moderna, como la que hoy vive en Palacio de Gobierno, aporta una imagen de unidad familiar nueva y distinta, pero también es cierto que siendo esos valores importantes para la mayoría de ciudadanos, no deben llevarnos a la conclusión que el gobierno puede tener dos cabezas, ni mucho menos dos responsables.

 

Hay rumores, cada vez más insistentes, que señalan no solamente que el presidente consulta todo con su esposa –a lo que tiene todo el derecho- sino que, además, su esposa mantiene reuniones con ministros en donde despacha, es decir, recibe información e imparte directivas sobre lo que deben hacer los encargados de carteras, funcionarios, representantes del gobierno, etc. Ya no se habla sólo de la “opinión del presidente” sino, con eufemismo, de lo que piensa la “pareja presidencial” en clara alusión al “peso” de Nadine Heredia en la toma de decisiones.

 

Surge por eso, en la opinión pública, la legítima pregunta, si la esposa del presidente debe hacer eso y si esta es, en buena cuenta, una “nueva” forma de gobernar a la que los peruanos debemos acostumbrarnos.

 

Nadie duda que, en la estructura político-ideológica del Gobierno, Nadine Heredia es algo más que la esposa del presidente, y que junto a Ollanta Humala no solamente ha sido su compañera de aventuras sino además la fundadora del partido que hora está en el poder, pero también es cierto que él fue el elegido y, por lo tanto, no gobierna la pareja sino el presidente, y su presencia si bien puede, en ciertos momentos, ayudar también debilita porque muestra a un Jefe de Estado limitado y carente de liderazgo.

 

Dos cabezas, a quien obedecer, es  un problema para cualquier emprendimiento más aún si es político y más aún si es al nivel más alto en la toma de decisiones, es decir, en el pináculo del poder: La presidencia de la república.

 

Entre “asesora presidencial” y “presidenta de facto” hay sólo una fina línea que ambos, Nadine y Ollanta, deben evitar trasgredir.  Nadine, sin duda, tiene muchos méritos pero hay uno que, como política, debe atesorar: paciencia. Para todo hay tiempo en la vida cuando se tienen 36 años, y también para ser presidenta, si eso es lo que ella desea.

 

Alfonso Baella Herrera

 

  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • Google Buzz
  • LinkedIn
  • Tumblr
  • Yahoo! Bookmarks
  • E-Mail

Leave a Reply