NO LE CREEMOS PRESIDENTE

Ollanta Humala dijo el Lunes: “Acá no hay un poder paralelo, aquí hay un Estado de derecho y para enfrentar este problema estamos utilizando las armas que la democracia nos da”.

 

Muchos, en estos días, han salido a declarar sobre a quién debemos creer en medio de esta crisis; y que si esa credibilidad, es puesta en duda, debe inclinarse a favor del Jefe de Estado. La razón que se esgrime es que, la gobernabilidad, la institucionalidad y el Estado de Derecho, tienen que ser defendidos por encima de todo. Entre Oscar López Meneses y Ollanta Humala, hay que creerle al segundo porque es, a pesar de todo, el presidente de la república. Eso piensan algunos. Pero otros no compartimos esa posición. Vale la pena, por eso, reflexionar sobre cómo llegamos a esta delicada coyuntura.

 

Una periodista ha mostrado pruebas contundentes al punto que cayeron un ministro, un asesor presidencial y media docena de jefes policiales. La derrota del Estado Peruano ha sido insólita. No bastaron para protegernos los 75 millones de soles que la Dirección Nacional de Inteligencia, DINI, tiene desde Mayo de este año para gastos “secretos”; tampoco los 500 nuevos patrulleros inteligentes, ni los 5 helicópteros franceses; ni tampoco la inteligencia del gabinete en pleno, ni el Ejército, ni la Marina, ni la Aviación. Todo el poder no pudo advertir lo que sí pudo una cámara de TV en manos de un valiente camarógrafo. En verdad, más parece que este gobierno ha sido, durante un año y medio, testigo y cómplice.

 

En la desesperación el gobierno ha ensayado varias fórmulas. Culpar a la oposición, a la prensa, al montesinismo, al apromontesinismo, al fujimontesinismo y al aprofujimontesinismo; y cuando se dio cuenta que sonaba ridículo entonces le endilgó toda la culpa a la Policía Nacional. Bien injusto. Pero, ¿Cómo creer que era sólo un negocio para hacer caja por parte de un grupo de malos policías?¿Cómo aceptar que todo este movimiento de tropas era por el afán exhibicionista de un frustrado aprendiz de James Bond? Más aún: ¿Cómo saber que no sigue ocurriendo lo mismo con otras instituciones del Estado?¿Quién nos lo asegura, este Gobierno que no vio durante 18 meses lo que ocurría en sus narices; precisamente en la ruta que la pareja presidencial transita todos los días?

 

Esta crisis acentúa un defecto de Humala. Cuando no sabe qué hacer se refugia en “su versión oficial” aunque no sea creíble. Así lo hizo con el viaje de Alexis a Rusia o con la reelección conyugal. Cree que todos vamos a creerle porque es el presidente o porque la prensa palaciega o su corte lo repiten. Es un error. Las instituciones son armas que la democracia nos da pero para elevar la confianza de los ciudadanos y no para usarlas como trapeador ni como muladar. El país sigue esperando la verdad porque simplemente, y con todo respeto, no le creemos presidente.

 

Por: Alfonso Baella Herrera Publicado en Expreso 20.11.13

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