MURMULLOS DE UNA CAMPAÑA

Por fin Luis Castañeda decidió hablar y la quimera se hizo carne y hueso. Lo hizo a través de dos entrevistas de máxima difusión con Beto Ortiz y con Raúl Vargas. Así, el mito se convirtió en realidad y la leyenda dejó de serlo. Quizá como parte de su estrategia o presionado por las encuestas que parecen acercarlo a sus demás contendores, el puntero de todos los sondeos de opinión pública con casi 60% de intensión de voto, habló.

 

Castañeda, en opinión de algunos, hizo una excelente entrevista. El lugar elegido para el primer encuentro, con Beto Ortiz, fue magnífico como escenografía y mensaje político; cerros y esteras. Según otros evidenció carencias, dejó dudas y mostró debilidades. El festejo, qué curioso, vino de amigos y de rivales.

 

Ciertamente Castañeda pertenece a las alturas de Lima. La población que está con él, por reivindicación o por convicción, está en loscerros de la capital. Pero también en el norte, en el sur y en el este. Allí donde el concreto es, que curioso, el mudo testimonio de sus ochos años al mando de Lima, 8 de cada 10 lo quieren de regreso.

 

Sin embargo las dos entrevistas si bien lo sacaron del mutismo también lo desmitificaron. Ya no es un fantasma o una ilusión, ahora es un candidato que tiene que hablar -como todos- de planes,equipos, proyectos, objetivos y visiones. Y la expectativa es enorme porquedebe corresponder, por lo menos en la misma proporción, a su ventaja. Es decir, tendrá que explicar, en los días sucesivos, cómo resolverá –mejor que los demás- el tránsito, la inseguridad y el caos citadino.

 

Por lo tanto Castañeda enfrentará, en las horas siguientes, el enorme desafío de responder a las sobre expectativas y a la ansiedad de los limeños. Tendrá que pasar sobre la guerra sucia y explicarnos cómo manejará un municipio casi quebrado, con miles de nuevos empleados y sin capacidad de gestión. Pero deberá hacerlo en una ciudad distinta a la que el gobernó. Lima no es la suya, ni siquiera la de Villarán.

 

Nuestra ciudad está conectada como ninguna en el Perú y casi al nivel de cualquiera en el mundo desarrollado. Los smartphones rugen en las manos de los limeños que vía Twitter y Facebook leen y comparten todo lo que pasa multiplicando en segundos las realidades y las percepciones. Y, por lo tanto, la velocidad para el entusiasmo y para la desilusión pueden ser un enorme riesgo si ese candidato puntero no las sabe manejar y peor aún, si no las entiende.

 

Por eso, a cinco semanas de las elecciones la campaña municipal recién parece que agarra velocidad y nadie, en su sano juicio, puede adelantar un ganador. Menos cuando los mitos se desvanecen. Del silencio pasamos al murmullo y a la constatación que la velocidad en la comunicación va a convertirse en la nueva dimensión de esta campaña municipal. El que la entienda y la maneje correctamente es posible que finalmente se alce con el triunfo.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso 31.8.14

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