MITAD QUE DEBE UNIR LA OTRA MITAD

La entrega de credenciales presidenciales es una formalidad importante en nuestra joven institucionalidad democrática. El poder electoral reconoce y proclama, oficialmente, al presidente electo del Perú. De esta manera el proceso electoral llega formalmente a su fin con el señalamiento y la legitimación del ganador. Esto ha ocurrido hace unas horas y Pedro Pablo Kuczynski es, en los hechos, el presidente elegido por la mayoría de peruanos.

13522063_10155832879008644_3155604715735524925_nEn otras circunstancias este hecho implicaría una enorme algarabía, una fiesta nacional o la explosión de una alegría contenida durante la campaña. Siendo un triunfo meritorio –por lo ajustado- la coyuntura no pinta para más fanfarria o discursos ampulosos. No hay espacio para la retórica ni para el discurso energético. Es curioso pero ni en las redes sociales, este hecho, ha sido tendencia. No es que no sea importante; es que el triunfo no fue contundente. Fue tan pequeña la diferencia que resulta políticamente endeble.

Ni los amagues de Martín Vizcarra en busca de amores no correspondidos en las regiones, ni la munición de los medios que continúan en campaña, ni los alaridos de la izquierda que se siente, absurdamente, el fiel de la balanza, pueden cambiar el hecho que el triunfo de PPK ha sido por casi nada. Ese hecho hace la diferencia por una razón muy sencilla. Al otro lado, en el otro poder del estado, el pueblo fue categórico y ordenó democráticamente 73 curules que marcan una hegemonía. De todos los que están ahora frotándose las manos quizá sea sólo él, el que realmente se de cuenta de la complejidad de la situación. La reconstrucción de la relaciones es indispensable y urgente.

¿Cuál es la principal acción política que debe acometer el presidente Kuczynski? Muy simple. Dejar de ser el representante de los que lo eligieron para convertirse en el presidente de todos; pero sobre todo de los que no votaron por él. “Yo lo que pido es la unión entre los que votaron por mí y los que no votaron por mí. Yo voy a trabajar para todos” ha dicho en son de paz y de reconocimiento implícito que tiene que cruzar hacia las líneas enemigas.

La “revolución social” a la que se ha referido, siendo indispensable, suena irreal sin diálogo y sin consenso con los perdedores. El congreso puede ser la puerta a la era más fantástica en la historia del Perú o una muralla de frustración si sus operadores de campaña pretenden seguir en acción ahora que la misma ha terminado. La madera de un líder político, lo sabe bien Pedro Pablo, está en entender que hay espíritus para todo fin. Hay hombres para la guerra y otros para la paz, pero no existen hombres para todos los fines. Así que, más temprano que tarde, veremos cambios. Del candidato Kuczynski es posible –y ojalá por el bien del Perú- no volvamos a saber más. Veremos en las siguientes semanas al Presidente Electo y a partir del 28 de Julio al Presidente Constitucional. Hagamos votos por ver, en los siguientes cinco años, al líder capaz sino de unir por lo menos de acercar, con respeto e inteligencia, esas dos mitades y de encumbrar al país hacia nuevos escenarios de prosperidad y verdadera justicia social.

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