MIL DÍAS

A los mil días de su gobierno el presidente Ollanta Humala muestra su nivel más bajo en las encuestas según publicó IPSOS el Domingo pasado. Apenas el 22% de los peruanos aprueban su gestión, 77% no se siente representado por él, 50% señala que no tiene liderazgo, 46% cree que no está capacitado para el cargo y 31% que no dice la verdad. Nadine Heredia, su talismán, también ha caído y se ubica alrededor del 28% de aprobación, pero además un 73% de peruanos dicen no sentirse orgullosos que Nadine sea su primera dama.

 

¿Qué ha hecho el presidente para desplomarse así?¿Es sólo el natural desgaste del poder?¿Qué ha influido más en este caída?¿Logrará cambiar la tendencia?

 

Humala y Nadine han cometido varios errores. Quizá uno de los más notables sea no valorar en su exacta dimensión el diálogo político que era implícito tras su elección. Quienes votaron por ellos en la primera y segunda vuelta los llevaron al poder para hacer cambios políticos. La “inclusión” era una metáfora concreta que lamentablemente se olvidó en la camino de la reelección conyugal y de la frivolidad palaciega. Peor aún, los Humala-Heredia gobiernan hoy día con quienes no los eligieron y con quienes nunca votarían por ellos. Esa es una paradoja absolutamente cierta.

 

La política que implica acuerdos, negociaciones y diálogo, fue dejada de lado y se reemplazó por el ataque constante a las fuerzas que representan la oposición: el fujimorismo y el aprismo. (En Abril de este año IPSOS señaló que Alan García 33% y Keiko Fujimori 31% eran percibidos como los principales opositores del gobierno). El presidente y su esposa olvidaron que la oposición en una democracia, es fundamental y debe ser respetada escrupulosamente.

 

Entonces el público en general, que vive enfrentando problemas cotidianos como la inseguridad, el tránsito y la corrupción, observa que quien debería generar espacios de diálogo, distensión y armonía hace lo contrario. Nadine y Ollanta, ambos, han entendido que se gobierna mandando perseguir a quienes pueden ser rivales políticos o generando cortinas de humo como si los peruanos no supiéramos distinguirlas y alertarlas con un simple tuit.

 

La evaluación de los mil días es, en realidad, frustrante. El gobierno ha dejado de hacer muchas cosas por una evidente incapacidad para saber leer las oportunidades. Un presidente tiene que darle valor a la política y sus ministros también. La tecnocracia tiene un límite que cuando se sobrepasa, estorba. El camino del diálogo jamás es un sendero estéril y el gobierno debería entenderlo y practicarlo de verdad.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso el 21.5.14

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