MERECEMOS LA VERDAD

Cada minuto el gobierno pone en evidencia que su desesperación va en proporción con el cinismo que todos sus voceros muestran. Lo que el presidente dijo hace 15 días no resiste ya el menor análisis. Es insostenible la versión presidencial según la cual “la corrupción de un grupo de malos oficiales de la policía” es lo que estuvo detrás del ilegal resguardo en la calle Batallón Libres de Trujillo. 

 

Los hechos, los personajes, las contradicciones, los detalles, los enfrentamientos pero sobre todo la implacable negativa a una investigación independiente son la mejor prueba que detrás de esto no está el montesinismo, el fujimontesinismo, el apromontesinismo, el aprofujimontesinisno; y mucho menos la prensa independiente, o un complot para desestabilizar al gobierno y dar un golpe de estado. Las teorías que surgen de las cabezas de los voceros gubernamentales son ridículas, infantiles y pintan, de cuerpo entero, la gravedad de lo que ocultan.

 

La comisión investigadora en el congreso de la república no será conformada. Creer que sí parece, a estas alturas, iluso. El gobierno hará, a través de sus operadores parlamentarios, todo lo posible para evitarla y si por un milagro se llega a conformar, buscará obstruir, dilatar y entorpecer su trabajo. La consigna, como hemos visto en estos primeros quince días, es generar todos los psicosociales y pistas falsas para que no se llegue a la verdad.

 

Si el gobierno tiene las manos limpias que no se aplique ni la proporcionalidad ni la pluralidad en la conformación de la comisión congresal; que se aplique la ecuanimidad, es decir, imparcialidad de juicio. Para eso el gobierno debe dejarla en manos de la oposición. No hay más.

 

Lo que ocurre en el fondo es que el gobierno teme responder dos preguntas: 1.¿Quién dio la orden?, y 2.¿Por qué?, y teme hacerlo frente al tribunal de la opinión pública.

 

Frente a esto ¿Qué debemos hacer?, pues seguir adelante y no abdicar. El periodismo independiente y los ciudadanos libres no debemos aceptar dilaciones. En una democracia sana el gobierno respeta a los ciudadanos diciendo la verdad. Y eso no es una opción; es una obligación.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado por Expreso el 4.12.13

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