Más armados, menos seguros

La matanza ocurrida en la escuela Sandy Hook, en Newton, Connecticut, Estados Unidos, en la que un joven de 20 años, Adam lanza, ingresó a estas instalaciones y asesinó, a balazos,  a 26 personas de las cuales 20 eran niños, ha llevado a reabrir el interminable debate sobre el uso legal de armas en ese país y también en muchas partes del mundo.

 

En Estados Unidos su Constitución, en la segunda enmienda, protege el derecho de los ciudadanos a tener armas y el Tribunal Supremo siempre ha fallado a favor del mismo cuando por alguna razón se ha intentado controlar ese derecho. Connecticut, estado de cazadores donde ha ocurrido esta tragedia, es uno de los más permisivos. Cualquier persona con sólo 21 años compra un rifle o una escopeta. Pero esto mismo ocurre en casi todos los estados norteamericanos donde no se sabe, con seguridad, quienes ni cuántas armas hay, con lo que el riesgo potencial es creciente. No existe registro de poseedores de armas.

 

La ONU ha calculado que existen entre 270 y 300 millones de armas en Estados Unidos. La poderosa Asociación Nacional del Rifle, ANR, ha señalado que pueden ser más y  defiende este derecho y le inexistencia de control alguno.  En la misma dirección el Congresista, republicano por Florida, Dennis Baxley, es el autor de la insólita iniciativa para permitir que los maestros lleven armas a los colegios. “Tenemos que ser más realistas a la hora de afrontar esta política. En nuestro celo de proteger a la gente hemos creado todas estas zonas libres de armas y lo que sin darnos cuenta hemos hecho es convertirlas en objetivos”, argumentó Baxley

 

Mientras escribo esta nota, un hombre mato a tres personas y luego se suicidó, en un nuevo atentado, esta vez, en Washington, condado de Welt, estado de Colorado también en Estados Unidos.  Las cosas, como vemos, lejos de resolverse tienden a volver la sociedad norteamericana más sanguinaria, violenta e impredecible.

 

En Japón nadie puede tener un arma y los policías no se las pueden llevar fuera de sus horas de servicio. Otros países como Australia y Escocia han logrado reducir las muertes por amas de fuego luego de enormes tragedias –similares a las de Newton- tras aplicar estrictas leyes para el comercio y uso de las mismas.  Lo que quizá podamos concluir, luego de este triste y traumático suceso, es que la violencia sólo engendra violencia y que más armas no es necesariamente más seguridad. Ojalá que todos reflexionemos sobre cómo queremos vivir y qué verdadera seguridad debemos darles a quienes más queremos.

 

 Alfonso Baella Herrera
@alfonsobaella
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