¿Marchas o campañas presidenciales?

Este 29 y el 31 de Mayo seremos testigos de dos acontecimientos políticos muy importantes.

 

Por un lado están diversos colectivos civiles, organizaciones populares, campesinos de las zonas mineras y agrícolas, estudiantes universitarios y en general hombres y mujeres de toda condición que quieren manifestar su apoyo a la inversión privada, la paz y al progreso en Cajamarca y que,  organizados a iniciativa de la Cámara de Comercio y de un grupo de pequeños empresarios, han decidido decir “basta” a los grupos violentistas e intransigentes.

 

Por otro, Gregorio Santos y Marco Arana,  ambos en campaña presidencial por el 2016, buscando seguir con su oposición al proyecto minero Conga, como plataforma política para impulsar sus intereses electorales agitando a campesinos en contra también de operaciones mineras, más allá de Cajamarca, para demostrar su supuesto creciente dominio territorial, como en la histórica mina Tintaya, en Espinar, Cusco.

 

La del 29 de mayo pretende ser una marcha por la paz y el progreso, y la del 31 –dicen ellos- es contra la minería pero en realidad es para fortalecer políticamente a Santos y Arana frente a sus partidarios. La primera busca avanzar en el proceso de desarrollo y la segunda paralizar una población para llevarla de rebaño y empujarla como carne de cañón demostrando poder político y perspectivas electorales. Una, no busca consolidar ningún liderazgo político y sólo quiere paz, la otra quiere ser el nacimiento de candidaturas presidenciales enmarcadas en la intransigencia y la violencia.

 

Santos y Arana, todavía socios políticos hasta que sus apetitos los separen, han querido pasar gato por liebre tratando de articular un discurso ambientalista y de “auténticos intereses cajamarquinos” cuando la realidad es sólo show mediático para incrementar sus chacras electorales.  “Conga no va” fue sólo un pretexto con el que sorprendieron a miles,  porque la verdadera razón son sus soterradas candidaturas.

 

Nadie está impedido de hacer política y menos de oponerse a un proyecto minero –por más beneficios que traiga porque siempre puede mejorar- pero lo que no se puede hacer es crear el caos  en una región, alegando razones que son sólo pretextos, cuando la verdad de sus intereses es otra. Los pobladores de Cajamarca como los de Espinar, y todos en el Perú, merecen la verdad y no cuentos o mentiras que sólo traen más frustración. Aprendamos, los ciudadanos, a no creer tanto en las promesas de una plaza sino a exigir acierto, prudencia y firmeza en las manos de nuestros estadistas. Llegar donde estamos ha costado décadas de errores y algunas muy pocas de aciertos. No olvidemos lo padecido y enrumbemos el país por el sendero del progreso y la sensatez.

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