LOTERÍA Y FARRA EN LAS ALTURAS DEL PODER

 

 

El fin de semana la TV, a través de prácticamente todos sus programas periodísticos, volvió a dar más detalles de la corrupción que cerca al gobierno del presidente Ollanta Humala. No es solamente un amigo; son muchos los que, según se advierte, han creado una impresionante cadena de corrupción en la que están además muy comprometidos los principales voceros políticos del partido de gobierno.

 

La participación del presidente y de su esposa no está probada aún plenamente, aunque cada minuto los indicios apuntan en esa dirección. Son obras públicas, compras públicas, publicidad estatal, financiamiento del partido nacionalista, inexplicables y numerosas visitas al Congreso y a Palacio de Gobierno de personajes comprometedores, etc., etc., etc. La danza de millones junto a la confirmación de relaciones sorprendentes apenas ha comenzado a destaparse.

 

Si un tribunal, como el que condenó a Alberto Fujimori, sus ministros y miembros de la cúpula de su gobierno, utiliza los mismos argumentos basados en la autoría mediata y el dominio del hecho, lo que posiblemente ocurra –si el partido de gobierno no gana las elecciones del 2016– es que varios ministros, parlamentarios e inclusive la pareja presidencial podrían terminar en algún centro de reclusión. Por más dura que suene, esa posibilidad puede estar construyéndose.

 

El gran problema, además del desenfoque de los temas nacionales, es el impacto que esto puede traer en la gobernabilidad y por lo tanto en el proceso electoral del 2016. Las acciones de Urresti, Cateriano y del propio Humala, descalificando con adjetivos, insultos y medias verdades, no son impromptus o reacciones aisladas sino que parecen obedecer a un plan o una estrategia que en la confrontación –o la intimidación– busca que no se hable de los temas que incomodan.

 

No es un panorama alentador el que se aproxima. Los nacionalistas están pasando de la fase de la negación a la violencia verbal; del sarcasmo y cinismo a la burla. La realidad es que resulta imposible ponerse de perfil y quien lo hace ahora terminará siendo cómplice. Una foto, un video o un audio que grafiquen cualquiera de las relaciones negadas puede tener un efecto devastador. Preguntado el presidente Humala dijo sobre Belaunde Lossio: “Nosotros no tenemos nada que ver con este señor. Trabajó para la campaña y luego cada uno tomó su camino”. La primera dama, por su parte, aparece silente en la lejana Europa.

 

Lo que vemos recuerda la triste historia de quien sin saber leer ni escribir recibe de regalo el ticket ganador de la lotería pero que lejos de comprender lo que le ha ocurrido decide gastar en farras hasta el último penique. Se ha dilapidado sobre todo la confianza y se ha sepultado una gran oportunidad de servir al país. Esa es la verdad. Ojalá nos sirva para aprender que la improvisación es fatal en la política nacional.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso el 26.11.2014

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