LOS ESPÍRITUS QUE DEBEN PREVALECER

Así como el espíritu de un país puede verse representado en su Constitución, el espíritu democrático se refleja en el nivel de diálogo entre los actores políticos. Y ese nivel se valora a partir de las ideas, de las propuestas, en los argumentos que se exponen y en los gestos que se manifiestan.

04082015Por eso es necesario que los partidos políticos, a través de sus líderes; los movimientos sociales, a través de sus representantes; y los ciudadanos de a pie en nuestros propios espacios -familia, trabajo o amistades- no solo ejerzamos y ejercitemos ese espíritu sino que promovamos su práctica y sepamos identificar quienes las favorecen.

Y en el sentido de lo dicho es necesario reconocer el espíritu democrático de Luis Iberico en su papel de Presidente del Congreso y el de toda la directiva que lo acompaña, porque desde que inició su mandato solo ha tenido expresiones de unidad, concordia y permanente llamamiento a principios y valores democráticos. Ha abierto el juego político y ha convocado a todos a sumarse en ello pero con respeto y responsabilidad.

La reunión sostenida con el primer ministro, Pedro Cateriano, en el Congreso hace unas horas, expresa modales democráticos que bien pueden resumirse en la frase de Iberico: “Las puertas del Congreso están abiertas de par en par para poder buscar entendimientos, acuerdos y concertación”. Y Cateriano, por su parte y con acierto, ha vuelto a tomar altura, ponerse por encima de las diatribas palaciegas y retomar el nivel de estadista que el gobierno del Perú necesita. “Tanto el Gobierno como el Parlamento estamos obligados a trabajar en beneficio de todos los peruanos” ha dicho.

Nuestro país necesita este tipo de encuentros, este nivel de diálogos y esta calidad de liderazgos. La única forma de llegar, no solo al 2016 sino a una nación ordenada, respetuosa y democrática en las próximas décadas es si alentamos esas conductas. Hay que felicitarlos a ambos con la misma intensidad como censurar aquello que se le opone.

Los adjetivos calificativos, los insultos al adversario y las imputaciones difamatorias deberían ser inaceptables por los ciudadanos. La política es demasiado importante como para desprestigiarla o contaminarla con personajes vacíos, fatuos e intrascendentes. Pero dependerá de nosotros que sepamos elevar los espíritus valiosos no dejando ingresar a los otros; a esos espíritus errantes, acomplejados y negativos.

La política también puede ser un lugar para el reencuentro nacional si somos capaces de ver más allá de las coyunturas, de los caudillos e inclusive más allá de los problemas. Necesitamos mas visiones, más visionarios y más ganas de trascender.

Por: Alfonso Baella Herrera
Publicado por Expreso

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