LOS ESPACIOS DEBEN LLENARSE CON LA VERDAD

Lo ocurrido en la última semana en relación con la administración municipal es sintomático de un problema fundamental que tiene que ver con comprender la importancia de comunicar oportunamente. No hay nada peor que dejar que las medias verdades, que son peores que las mentiras, ocupen el lugar de la información veraz que los vecinos debemos tener.

06052015Las protestas en la playa La Pampilla, ícono del surf peruano, han sido legítimas aunque inexplicables. Es decir, ocurren como consecuencia del desconocimiento de qué y cómo se harán las obras que el propio municipio viene coordinando con los tablistas pero es evidente que ha habido intereses de todo tipo para pulverizar esas buenas relaciones. Un par de camionadas de piedras bastaron para encender la pradera que ciertos medios han promovido con una intensidad inusitada pero, lo que es peor, repitiendo medias verdades.

Por un lado está una congresista, exnacionalista, que desinformó y mintió en Espinar acusando de contaminar a una minera invocando análisis que correspondía a otra localidad.
En La Pampilla –esa misma “madre de la patria”– publicó vía twitter un documento de manera parcial y mutilada haciendo creer que la Dirección de Capitanía había multado por esa rocas a la MML, cuando en realidad esa sanción, cuya multa está en apelación, fue gestada en el anterior período municipal. Una absoluta irresponsabilidad.

Por otro lado los derrotados del pasado octubre no pierden oportunidad. A cualquier acción que promueve el municipio de Lima se opone una reacción. No importa ni la razón, ni la autoridad, ni el beneficio, ni nada, y por cierto, mucho menos las obras. Lo que diga o quiera hacer la MML, ahora, debe detenerse. Lo que buscan no es corregir sino paralizar la ciudad.

Frente a esto el municipio capitalino no ayuda en el afán de construir una gobernabilidad más estable. Las indefiniciones, los espacios vacíos y la incomunicación más que pasar factura en las encuestas de aprobación generan un desconcierto y una frustración.

Gobernar no es sólo hacer obras, por más importantes y modernas que ellas sean, gobernar implica conducir a los gobernados, acompañarlos y comunicarse con ellos.

No confundir publicidad con comunicación. No equivocarse pensando que se requiere propaganda en lugar de argumentos, detalles, razones e información que finalmente genera confianza.

Dejar la ciudad en manos de la desinformación -que algunos promueven- es tan malo como no hacer puentes, túneles o escaleras. Por eso hay que llenar los espacios con la verdad antes que la mentira y sus mentores hagan de las suyas.

Por: Alfonso Baella Herrera
Publicado en Expreso el 6.5.2015

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