La violencia no puede ganar esta batalla

La violencia no es noticia porque los medios nos han acostumbrado a ella. A pesar de ser parte de nuestro desayuno, almuerzo y cena informativa todavía no estamos tan curtidos ni tenemos la piel tan gruesa como para no rechazar hasta la indignación lo ocurrido el último domingo con la pequeña Romina, de 3 años, que paseando con sus abuelos fue atacada por unos delincuentes y terminó con un disparo que la va a tener para el resto de su vida cuadraplégica y con un respirador artificial.

El sujeto que disparó contra ella fue capturado a las pocas horas y declaró ya a todos los medios: estaba drogado, ha dicho, como si eso fuera un atenuante.  La acción inconsciente y desalmada de un delincuente ha destruído el presente y el futuro de una niña y de su familia, y ha dejado consternada a toda la ciudad.

La imagen de Romina y sus padres destrozados está en todos los medios. Este crimen desplaza a todas las noticias y domina las portadas y el inicio de los noticieros y programas televisivos y radiales estelares. Se habla desde pena de muerte hasta crisis en la educación, la familia y el Estado.  Se busca, en todas partes una explicación o algo de qué agarrarnos para tratar de entender qué nos está ocurriendo como sociedad.

Sin embargo todo resulta insuficiente frente a la imagen de esta niña que lo único que hacía era viajar  feliz abrazada de su abuela…  ¿alguien puede explicar esto?¿es posible consolar a sus padres?¿hay una pena prevista por nuestro ordenamiento legal –cualquier que sea- que equivalga en proporción a su postración en una cama por el resto de su vida?

Romina puede ser un caso más. Nuestra prensa nacional tan poco orientadora de valores y principios, tan efímera y frívola, se encargará de hacernos olvidar a Romina por una vedette, un petroaudio o un nuevo insulto de algún político mediocre. Total: por el rating todo vale!

Lo cierto es que la sensación de inseguridad en la ciudad de Lima está más presente que nunca y que hemos ingresado a una extraña ruleta en la que cualquiera puede ser el siguiente y pareciera que estamos resignados esperando nuestro turno.

Ningún camino al primer mundo, ningún crecimiento económico pueden tener sentido sino podemos proteger a nuestras familias, sino podemos darles garantías a los ciudadanos comunes y corrientes, si niñas como Romina no pueden volver a sus casas para seguir jugando y  si dejamos que la delincuencia gane esta batalla.

Alfonso Baella

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