La TV no asesina a nadie

El mototaxista Bryan Romero Leyva participó del secuestro y posterior asesinato -junto con su tío, Redy Leyva, otra persona apodada “el gordo” y un menor de edad- de su ex enamorada Ruth Thalía Sayas Sánchez. En forma salvaje, por lo que se ha ido conociendo, y con el único fin de robarle el dinero que había ahorrado producto de su trabajo y del premio ganado en un programa de televisión, este grupo de personas actuó organizadamente para perpetrar este crimen que, con razón, ha conmovido a la opinión pública.

 
Ruth Thalía, salió a la luz el sábado 7 de Julio al inaugurar precisamente el programa de televisión, El Valor de la Verdad, que conduce el periodista Beto Ortiz, por Canal 2. En él, ella reveló pasajes desconocidos de su vida para sus padres y Romero, quienes estuvieron presentes durante la grabación del mismo. Se ha sabido que, ya en el programa mismo, Ruth Thalía y Bryan, no eran pareja. Inclusive Bryan tenía ya otra relación sentimental y una hija de sólo meses.

 
Ruth Thalía contó que el premio de 15 mil soles obtenido se sumaría a sus ahorros y que su sueño era ser bailarina, actriz y contadora. Tenía claro a dónde quería llegar. Quizá esa revelación fue la que gatilló, en la mente de sus asesinos, el deseo de robarle a cualquier precio. Ruth Thalía desapareció el 11 de setiembre cuando regresaba de la Universidad a su casa. Bryan, principal sospechoso, negó de todas las formas conocer qué le había ocurrido. Sin embargo, el sábado último la policía, que le seguía los pasos, descubrió que había vendido sus cosas y que estaba listo para huir a Ecuador. Capturado, ese mismo día, confesó el horrendo crimen y la complicidad de otros que ya han sido identificados.

 

Ruth Thalía es, lamentablemente, una nueva estadística de feminicidio pero que, en este caso, han querido convertirla en la razón para animar a competidores, rivales eternos y, hasta críticos de televisión que han elucubrado trasnochadas tesis de “televisidios” o “culpabilidades éticas”. El problema no es decir la verdad, ni siquiera pagar por la misma. Cada uno es tan libre de ir al programa de televisión que quiera como de sintonizarlo. El problema no es un programa de televisión sino lo que está en el fuero interno de cada persona. Por eso, detrás de lo ocurrido, hay reflexiones mucho más importantes que tienen que ver con valores y principios; con ejemplos y referentes, que ni los medios ni las familias están generando. ¿Cuántos Bryan y Redys más habrá?¿Cuántas Ruth Thalías estarán siendo acechadas? ¿A quién culparemos de esos nuevos feminicidios?
En el fondo todos tienen que revisar su manera de actuar en función de proteger a los más débiles y a los inocentes, como debió ser en este caso. Ruth Thalía dijo muchas veces: “Todos tenemos algo que ocultar”, y nos hizo recordar que la mentira existe desde Adan y Eva, cuando no había televisión. La TV no asesina a nadie; lo hacen los individuos desquiciados y atormentados que rondan por doquier. La sociedad tiene la obligación de cuidar a sus miembros y de preservarse a si misma, y esa responsabilidad no la tienen sólo los programas de televisión sino todos, absolutamente todos nosotros.
Alfonso Baella Herrera
@alfonsobaella

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