LA RESPONSABILIDA POLÍTICA DE LOS CIUDADANOS

En tiempos en que la política parece un espacio de desesperanza vale la pena preguntarnos: si los políticos son tan malos, si los partidos son tan antidemocráticos y si la política es tan –como dicen algunos descriptivamente- nauseabunda, entonces: ¿Por qué no se produce un verdadero cambio? ¿Dónde está la oportunidad para sepultar las viejas estructuras y ver renacer políticos honestos, modernos y que sean verdaderos líderes?

TWITTER-REVOLUTION2Me hacía estas preguntas mientras preparaba, hace unos días, una disertación para un evento sobre redes sociales al que fui invitado. Antes de responder, déjenme darles algo de contexto.

Barack Obama fue y sigue siendo, el protagonista de la campaña política más perfecta en la historia de la política contemporánea. Sin pretender abalar sus ideas ni su gobierno y circunscribiendo el análisis a su campaña electoral, es necesario reconocer que el uso de las redes sociales fue no solo un elemento novedoso, sino que atrajo a millones de personas para que participaran por primera vez en política. Interpretó la realidad, la sintetizo con los mensajes de “cambio” y “esperanza” y mostró un liderazgo singular. Meses después la “primavera árabe”, una revuelta social y política, sorprendió a regímenes totalitarios y corruptos en el norte de África que al ritmo del twitter y del Facebook cayeron. Aunque algunos de esos regímenes se rehicieron y regresaron años después la lección quedó establecida. La política, ya no hay duda, se hace también desde las redes sociales. No la hacen solo los actores tradicionales sino jóvenes y desconocidos activistas que lejos de empuñar palos o piedras usan un arma aún más letal: el celular.

Pero hoy ya no hablamos solo de la generación X o Y, sino de la generación @ o, inclusive, de la generación #. Es decir, jóvenes que nacieron conectados y viven en la innovación constante.

Estamos frente a un cambio en los modelos de comunicación, entre la juventud de la modernidad y la juventud de la postmodernidad; personas que distinguen muy bien el espacio local del espacio global y que se proyectan en el espacio viral; que miden su tiempo no como real sino como virtual; que prefieren no el sedentarismo y sí el nomadismo; que decide no por la tribu, pero sí por la red. No es solo la comunicación de la imagen por la imagen, sino de la imagen que representa y conceptualiza un mensaje. Es la era de la post verdad, es decir de los hechos superados por las emociones y las creencias personales.

Y esto ocurre en medio de tres tendencias. 1. La universalización del acceso a Internet 2. La crisis de legitimidad que tienen las instituciones, los gobiernos y los líderes y, 3. La nueva dinámica donde el poder está en las manos de los ciudadanos. Y entonces es ahí donde tenemos que preguntarnos y responder con franqueza ¿Cuánto de esta crisis es también nuestra responsabilidad? Y, finalmente: ¿Quién eligió a los gobernantes?

No digo que el encargo sea fundar un partido –no estaría mal- pero la responsabilidad es mayor. Tiene que ver con darle a la política la importancia que tiene desde la casa, hablando en familia, con los amigos o en el trabajo. Debemos interesarnos y participar, empezando quizá por las redes sociales.

La política va a cambiar en la medida en que los ciudadanos nos conectemos para informarnos y exijamos a los políticos y a los gobernantes. Las pancartas en Túnez, Egipto, Siria, Libia y tantos otros países repetían una frase como una letanía: “LO QUE IMPORTA NO ES LA GENTE QUE TIENE EL PODER SINO EL PODER QUE TIENE LA GENTE”. Si es así, si lo que importa en el mundo del Big data, del Internet de las cosas y de la inteligencia artificial, es el poder que tiene la gente, debemos aceptar nuestra responsabilidad porque tenemos el poder.

Estamos tocados por una era fascinante, pero hay que ser actores y no sólo testigos. Comencemos por aceptar que hay que dejar la tribuna y bajar a la cancha de la participación conectándonos. Pasemos del “me gusta” a “compartir” y a “comentar” pero, además, a generar tendencias para provocar cambios. A la crisis política respondamos con esperanza y con participación, ese puede ser el principio del camino.

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