LA REFORMA QUE NADIE DEBE PARAR

Creo que nadie puede, en su sano juicio, negar ni la importancia ni la urgencia de acometer el problema del transporte en nuestra capital. Tal y como estamos, simplemente, no vamos a ninguna parte. Hoy es imposible avanzar en automóvil, taxi, combi, o en lo que sea, al punto que muchas veces parece que caminar o montar bicicleta es una alternativa mucho más rápida, segura y económica.

 

El hecho se veía venir y eso es lo que en primer lugar llama la atención. Porque este problema, como bien lo señala la autoridad edil en la web de la municipalidad ( bit.ly/1nnhf7R ), no es ni nuevo, ni simple, ni tiene un solo responsable. Por el contrario, es un problema histórico que tiene que ver con una perversa cadena formada por rutas, concesiones, empresas, buses, combis, choferes, cobradores, colectivos, taxistas, mototaxistas, autos particulares, etc.; y que, a falta de una autoridad eficiente y con visión, ha traído como consecuencia el colapso del sistema. No es Villarán, no es Castañeda, no es Andrade, No es Belmont, No es Del Castillo; son todos juntos los responsables, pero además es el gobierno central que se ha puesto y se sigue poniendo de perfil frente al problema. Tampoco este gobierno; todos los gobiernos.

 

Agreguemos una cereza más en este pastel y es que nunca, ninguna administración edil ni nacional, educó al soberano. Es decir, la inversión en educación vial, si la encontramos en el algún presupuesto debe ser ridícula por no decir decorativa. No se ha planificado correctamente y por ello al no haberse previsto educación ni comunicación adecuadas con antelación, la ejecución está como la vemos hoy; simplemente, en nada.

 

Saber o, inclusive, entender el problema, como parece la condición del señor Gustavo Guerra García, gerente de Protransporte de la comuna limeña, no implica en modo alguno ser capaz de resolverlo. Hay muchos “expertos” que son sólo teóricos y que quedan perdidos cuando pasan a la práctica. Por ello, ejecutar un plan para empezar a resolver un problema de tamaña magnitud no puede hacerse sin una estrategia, el conocimiento y el equipo humano necesarios; pero mucho menos, contra el reloj.

 

Y aquí es donde el calendario electoral -y el entusiasmo de la campaña de reelección de nuestra alcaldesa candidata- ha agregado un elemento distorsionador de tal magnitud que, por momentos, parece que regresar es el mejor camino. No nos equivoquemos; Lima no puede volver atrás, pero hay que hacer las cosas bien y no imbuidos de los calores electorales. Eso sería y es una irresponsabilidad.

 

Es una pena, por lo demás, que prácticamente se hayan tirado al tacho 12 millones de soles en la “marcha blanca” y además miles de horas-hombre, por los atrasos diarios -que este apresuramiento e improvisación han causado- en la economía del municipio y de los vecinos de Lima.

 

En el fondo, es la incapacidad y la incompetencia lo que debemos desterrar y ojalá la mayoría lo hayamos entendido así.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso el 7.9.14

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