LA PRIMAVERA VENEZOLANA

Venezuela vive uno de los momentos más dramáticos de su historia. En las últimas horas el pueblo salió a las calles en sus principales ciudades, con los estudiantes en la vanguardia, para protestar en multitudes nunca antes vistas por la inflación, la inseguridad, el crimen, la pobreza, la corrupción, la falta de alimentos y la inequidad política. La brutal represión dirigida desde el gobierno contra quienes no comparten la tiranía ha cobrado la muerte de jóvenes que cayeron a balazos creyendo que podían protestar en libertad.

 

No sorprende que CELAC y UNASUR acompañen la represión, el abuso y el crimen. Argentina, Bolivia, Ecuador y Uruguay lo han hecho públicamente. Otros países han preferido hacer mutis. Las ONGs que se supone defienden los derechos humanos, tan rápidas, expeditivas y organizadas en otros casos, no se han dado por enteradas. Partidos políticos que hablan de libertad, no dicen ni una línea. Líderes que se llaman así, prefieren guardar silencio. Y todo esto sólo tiene un nombre: COMPLICIDAD.

 

Y esa complicidad tienen muchos orígenes y no proviene de Maduro solamente sino que se incubó en Hugo Chávez que aprendió de los Castro, en Cuba. Tiene que ver con algo bien sencillo y efectivo: DINERO. Porque Chávez aprendió bien que con dinero bailan una buena parte de los neo políticos en Latinoamérica y lo supo “administrar” con destreza. Hoy esa inversión muestra sus réditos y se traduce en silencio.

 

Pero si esa fórmula sigue funcionando en Cuba luego de 54 años de atropellos, crímenes y dictadura, es por una razón; no hay Internet. Allí, donde el salario mínimo es de 12 dólares mensuales y la hora de conexión a Internet cuesta 6; donde la telefonía celular, que no tiene Internet, sólo llega al 10% de los 11.5 millones de habitantes; allí, en esa Cuba alabada por la izquierda retrograda y por una buena parte de socialconfusos, no hay libertad ni para leer, ni para escribir, ni para pensar. Allí, o te alineas con el Comité de Defensa de la Revolución o mejor te vas de la isla porque si te quedas vas preso o sufres un “accidente repentino”.

 

Pero Venezuela, aunque Maduro quisiera que se pareciera más a Cuba, está muchísimo más conectada. Facebook, Twitter y los mensajes de textos vuelan y multiplican el descontento, la protesta y revelan el atropello instantáneamente, a pesar de toda la tecnología para bloquear “disidentes” que la China comunista provee al chavismo. Si hay algo realmente maduro es la conciencia de los pueblos cuando se enfrentan a tiranías como esta. Un país conectado y valiente -y Venezuela lo es de la mano de sus jóvenes y de quienes piensan como jóvenes- no se puede cercar virtualmente. El territorio digital es libre y allí no triunfan las tiranías.

 

La historia reciente nos enseñó como cayeron, en la denominada “primavera árabe” regímenes mucho más sanguinarios porque el mundo viene cambiando a velocidad sideral. Hasta China se ha dado cuenta. Venezuela tiene ya una luz al final de este túnel, tiene mártires y le asiste a su pueblo, sobre todo, la razón. Hay que apoyar a estos hermanos venezolanos. Es un deber de todo demócrata porque esta primavera venezolana debe ser también una lección para todo el continente.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso de Lima, Perú el 15.2.14

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