LA POLÍTICA ES LA OTRA TAREA PENDIENTE

Una de las lecciones que podemos extraer de la última reunión empresarial, CADE 2013, en Paracas, tiene que ver con los resultados de la encuesta que Ipsos Perú hizo entre el millar de asistentes. La misma muestra dos realidades distintas y crecientemente distantes; la economía y la política. Mientras el ministro de economía, Miguel Castilla, tiene un 95% de aprobación, Ollanta Humala y Nadine Heredia, sólo 48% y 32% respectivamente. El sondeo grafica una realidad buena pero también otra mala.

 

Sesentas, setentas y ochentas, suman 30 años perdidos. La dictadura comunista del General Velasco y los dos gobiernos democráticos que le sucedieron fueron dolorosas y costosas lecciones que los peruanos hemos aprendido. Superamos la visión estatista pero sobre todo entendimos que el progreso depende del coraje, la libertad y la iniciativa privada; pero también que el Estado debe acompañar poniendo su parte en seguridad, educación, salud e infraestructura. Los jóvenes, al mando del nuevo empresariado globalizado y -por eso- audaz, impulsan al país y nos hacen soñar que esa patria moderna, segura y solidaria es realmente posible.

 

Hoy, si sólo los 60 mil millones de dólares de la cartera de proyectos mineros se concretara, el PBI se dispararía a 36%, y más de 2.4 millones de empleos generarían un estado de bienestar económico pero sobre todo social que nos colocaría, verdaderamente, en una dimensión que jamás soñaron nuestros padres ni los fundadores de la República. De parias a ejemplo; de insignificancia a líderes; de fracaso a sinónimo de éxito.

 

Por eso, además de entender qué fue lo que hicimos mal y cómo lo cambiamos para hacerlo bien, es necesario que miremos hacia adentro y tratemos de hacer la otra gran tarea pendiente: La política. Esta no sólo no va al ritmo ni de las empresas ni del país; en realidad, va en sentido opuesto. Cada vez más informal, envilecida y efímera. El espectáculo de los políticos convierte el sueño en pesadilla y le pone al éxito económico una mueca de frustración y vergüenza.

 

El Congreso es sólo un ejemplo. Las instituciones formales que sustentan la democracia no están, ni por asomo, a la altura que el momento demanda. Pero tampoco están los líderes políticos más importantes, salvo contadísimas excepciones.

 

La política y los políticos se han perdido en alguna calle oscura de la historia. Por eso hay que mirar la política de otra manera. No como un territorio abandonado sino como un espacio para modernizar y ennoblecer. Hay que trabajar en los partidos políticos existentes o nuevos, en su financiamiento, en el sistema y las leyes electorales, y en la institucionalidad democrática. Pero sobre todo hay que trabajar en la mente y en el corazón de cada peruano para que asuma su responsabilidad al momento de votar. Lo que hoy tenemos fue lo que nosotros elegimos; nadie nos lo impuso. Y así como aprendimos que no podíamos esperar al Estado para sacar nuestras empresas adelante no podemos sólo esperar a los políticos ni a sus partidos. Hay que mirar la política con seriedad y alinearla al desarrollo. Esa es la tarea pendiente.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado por Expreso el 1.12.13

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