La política de los gestos y los riesgos

El 28 de setiembre del 1962, Martin Luther King estaba en Birmingham, Alabama, hablando ante cientos de seguidores cuando un infiltrado de nombre Roy James – quien luego se supo era un neo nazi-  se acercó y repentinamente golpeó a  King. Ante el asombro de los presentes Luther King no reaccionó con violencia sino que contuvo a James y evitó que los agentes de seguridad le atacaran. Aquí, en este evento, nació lo que sería el eje de su campaña por los derechos civiles basada en la no violencia. King puso la otra mejilla e inspiró a generaciones, por décadas, con su ejemplo.

Jeff Bezos, uno de los hombres más emblemáticos del comercio electrónico mundial y dueño nada menos que de Amazon.com fue criticado muchos años debido a que su negocio no sólo no arrojaba utilidades a los inversionistas sino que Bezos se obstinaba en continuar invirtiendo en una obsesiva  política de “atención al cliente”. Bezos contestaba cada comentario o queja en su portal web y creía firmemente en que escuchando, de verdad, a sus clientes lograría competir y ganar en la batalla del ecommerce. En el año 2000 fue casi sacado de la dirección de la empresa por el Board of Directors (Consejo Directivo) y recién en el 2003, siete años después de ser pública, Amazon dio una pequeña utilidad. A finales del 2008 los resultado de su política de atención al cliente condujeron a su empresa a un crecimiento impresionante;  más de 8,000 colaboradores,  más de 31 billones de dólares en productos en almacenes y pasó a estar entre los 500 valores del standar & poor´s. Bezos gracias a un manejo tenaz aunque arriesgado logró llevar a excelente puerto a quienes confiaron en el.

Al Gore, ex presidente de Bill Clinton, pero más famoso aún por ser el líder máximo del movimiento contra el calentamiento global ganó un premio nobel e impulsó en todo el mundo una llamada de atención sobre la urgencia de cuidar el planeta. Pero Gore tenía una casa que consumía tanta energía eléctrica y agua en sus cascadas que era una contradicción en esencia para quien se supone era el que más predicaba lo pernicioso de estos excesos. Cuando un reportaje por televisión puso esto en evidencia millones sintieron desilusión y una aparente doble moral quedó al descubierto.

Mark Fields, respetado líder automotriz que pidió al gobierno norteamericano ayuda para evitar la quiebra de su sector cobraba bonos millonarios mientras negociaba el despido de miles de trabajadores. Sólo sus viajes a su casa de playa los fines de semana costaban cada uno 80,000 dólares por la avioneta que usaba. Los millones de dólares que cobraba a pesar de la crisis y el lujo de sus viajes no correspondía con el sacrificio que el demandaba.

Estos cuatro ejemplos son interesantes. Luther King pudo optar por defenderse pero no lo hizo pero entendió que en esa agresión no contestada estaba el real ejemplo de su prédica. Bezos resistió el embate de sus accionistas que le gritaban “show me the money” y esperó por un resultado que sabía era posible.  Gore y Fields no fueron consecuentes y perdieron credibilidad, liderazgo y por lo tanto poder.

¿Qué reflexión podemos encontrar en estos episodios?

Por un lado están los que corren riesgos y lideran con el ejemplo. Por el otro los que predican lo que no piensan realmente. En todos los casos hay gestos que muestran de qué están hechos, en el fondo, esos liderazgos, y no hay nada más frustrante, triste y desesperanzador que ver líderes que no son capaces de ser consecuentes. Que sus palabras no se reflejan en actos para sí mismos.

Alejandro Magno es un personaje de la historia universal no en vano. Comandaba a sus tropas desde el frente mismo de batalla. Era el primero en correr riesgos, en ser ejemplo, en mostrar algo que un líder debe siempre mostrar: consecuencia.

La política como los negocios, y como todo en la vida,  requiere de una buena dosis de audacia, coraje y riesgo. La historia está llena de ejemplos en los que esas circunstancias han producido resultados que han sido puntos de partida de cambios notables en la sociedad. Los hombres comunes y corrientes quieren ver a sus líderes convertidos en hombres comunes y corrientes arriesgando. Un hombre capaz de dejar su posición cómoda para correr riesgos convoca, inspira e invita a seguirlo y puede ser el principio de algo grande.

Alfonso Baella

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