La ola revocadora

La ola revocadora que, por el momento, parece imparable y que tiene al Municipio de Lima al borde de su descabezamiento es un sentimiento popular y una respuesta clara a un sistema politico que no responde ni a las expectativas ni a las necesidades de las grandes mayorías. En los arenales y en los cerros de nuestra capital se está gestando una nueva forma de hacer politica; sin ideología, sin credos e inclusive sin líderes.

 

Los partidos politicos no han entendido lo que esta sucediendo. Una gran mayoría de ellos ha confundido y confunde la creciente, irreductible y legitima manifestación de descontento popular, con lo que llaman: manipulación de fuerzas mafiosas y corruptas.

 

Señalan – y evidencian así su desconexión con los ciudadanos de a pie – que falta comunicación, marketing y difusión. La revocatoria es un problema que tiene a la desinformación en su origen, dicen los viejos y eternos líderes en una clara demostración de perdida de sintonía popular.

 

Los segmentos C, D y E, donde el ánimo revocador supera el 70%, se cansaron de esperar a estos partidos que ahora se unen en juramentos y alianzas, bien publicitadas, cuando nada hacen en la práctica por siquiera conocer y menos intentar resolver los verdaderos problemas y urgencias de los vecinos de las zonas más humildes.

 

Los partidos políticos están de espaldas a la ola revocadora. Los que se ha subido a ella están constatando que es mucho más grande, estructurada y organizada que lo que imaginan.

 

La revocatoria no sólo está en marcha sino que amenaza con extenderse a otros estamentos de nuestra precaria institucionalidad democratica.

 

La gran mayoría quiere revocar a los congresistas, o acortarles su mandato, sino trabajan o si se descubre – como viene siendo común – que son corruptos, inmorales y mentirosos. Muchos quieren llegar hasta los partidos políticos para reemplazar a las cúpulas entornilladas, enquistadas y antidemocráticas, revocándoles el poder para dar paso a corrientes nuevas y modernas.

 

Todo esto evidencia una fractura, un corte y, por cierto, un antes y un después. La revocatoria en Lima, muy al margen del resultado del 17 de Marzo , ya escaló hasta el sistema político y es una clarísima advertencia. El pueblo rechaza la ideología y busca el pragmatismo. O entendemos su significado, que nada tiene que ver con cucos imaginarios, o esa ola revocadora puede arrasar hasta con lo que hemos avanzado como país. Hay que comprender lo que está ocurriendo y no burlarse y menos pretender descalificar a nadie. O los políticos vienen a servir o se los lleva la ola.

 

Alfonso Baella

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