LA OBSESION POR EL VOTO JUVENIL PARA EL 2016

 

 

El nuevo Régimen Laboral Juvenil, recientemente promulgado por el Presidente Ollanta Humala, ha producido uno de los más interesantes y reveladores debates sobre un tema de trascendencia nacional. Por primera vez, en mucho tiempo, se ha puesto en agenda una de las mayores preocupaciones de los peruanos: la formalización del trabajo de un segmento mayoritario y estratégico de la población.

 

Pero este debate -cuyo cabal entendimiento es fundamental- ha comenzado a desbocarse y a mostrar, por una parte, no sólo cálculo político sino desconocimiento de una dramática realidad social, por quienes aspiran a convertirse en cabeza del estado en los próximos meses; y por otra, la inmanejable vocación de suicidio político de quienes dirigen hoy el país.

 

Los jóvenes entre 18 y 24 años son el centro de esta ley. Son alrededor de 5 millones para quienes hoy día no hay nada. No hay ley, ni derechos, ni Estado, ni nada y tampoco alguien que los defienda y menos, por cierto, los políticos. Tienen la pura y dura informalidad, plagada de abusos, iniquidades y arbitrariedades. Por lo tanto, quienes dicen que los perjudica mienten porque 90% de los jóvenes que trabajan lo hacen en la informalidad. Esta ley les permite poner un pie, exigir un marco legal e ingresar al mundo laboral formal. Esa posibilidad, hoy día, no existe. El sistema laboral inflexible los excluye. Si la ley propuesta es incompleta deberían proponerse ajustes que el reglamento podría superar.

 

Sin embargo lo que hemos visto en la última semana es realmente decepcionante. Nuestra clase política, en la oposición y en el gobierno, es igualmente incapaz. Quienes han criticado desde el saque están en su derecho, pero quienes firmaron, aprobaron y hasta argumentaron positivamente la ley no pueden ser tan inconsecuentes de recular, quitar el cuerpo y dar este espectáculo. Los líderes o quienes tienen la intención de serlo deben conducir a la opinión pública y no dejarse llevar por el aplauso.

 

Por el lado del gobierno no existe, ni por asomo, el entendimiento del valor de la comunicación. Creen que hacer política es encimar, provocar o enfrentarse. Han sido incapaces de generar consensos previos donde tenían la obligación de hacerlo. Es más, en la misma semana en que el gobierno lanzó tímidamente el Régimen Laboral Juvenil, el propio gobierno lanzó también la campaña multisectorial “Cambiemos de Actitud”, esa sí, con la presencia de todos los ministros para la foto.

 

La verdad que es difícil identificar, en el Perú de hoy, un conductor, un líder o alguien que hable con verdadera visión. Nunca mejor la frase de Churchill: “El político se convierte en estadista cuando deja de pensar en las próximas elecciones y comienza a pensar en las próximas generaciones”. Que lejos estamos de tener estadistas y que decepción estar rodeado de tanto obsesionado con los votos de los jóvenes para el 2016.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

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