LA GRAN TRANSFORMACIÓN, PERO DE SUS BILLETERAS

“Hemos venido a servir y no a servirnos”, “Pobre vine y pobre me iré”, “Llevarme al pueblo en el corazón será mi mayor y única fortuna”. Estas son frases que solemos escuchar por parte de algunos políticos que dicen nunca venir por los “chicharrones” sino, muy por el contrario, por el honor de servir al país con el mayor y más absoluto desinterés.

 

Ocurre, sin embargo, que con frecuencia vemos que ciertos políticos tan pronto toman alguna rama del poder sufren cierta metamorfosis de sus cuentas corrientes, de sus casas, de sus vehículos y, en general, apreciamos un salto en su calidad de vida. La política y el poder ejercen una rara y mágica transformación que los lleva a “otro level”. Esto que parece ser una “suerte ineludible” resulta paradójico cuando este cambio de estatus, ese “upgrade” o esa “nueva posición” ocurre entre los miembros de ciertos partidos socialistas o radicales de izquierda.

 

Dicen luchar por sus pares, pero terminan siendo bien distintos del pueblo al que pretenden servir. Son “misios” hasta que ganan una elección y luego, no sólo se olvidan, sino que viven exactamente igual o más ostentosamente que a los que critican. Acusan a quienes llaman “poderosos” y “oligarcas” sin mirarse en un espejo. Esa doble moral y ese doble rasero es bien inmoral.

 

Por estos días en Francia ese tipo de conductas tienen a la opinión pública con ojerizas y en pie de guerra. El presidente François Hollande, candidato del Partido Socialista y del Partido Radical de Izquierda, prometió en campaña una “guerra a los ricos” y les dijo que pagarían hasta 75% de impuestos. Curiosamente se acaba de conocer que siete de sus ministros son millonarios -según ellos mismos revelaron- obligados por la nueva legislación, luego que el ministro de presupuesto Jerome Cahuzac renunciara al conocerse que tenía una cuenta en Suiza con 600 mil euros que ocultó por más de 20 años.

 

Los resultados revelaron que Laurent Fabius, ministro de Relaciones Exteriores, declaró casi 6 millones de euros en activos por su departamento en París y sus dos casas de campo; el ministro Michéle Delaunay, ex médico, 5.2 millones por su dos propiedades en Burdeos y tres casas en la costa sur oeste de Francia; y Michel Sapie, ministro de Trabajo, 2 millones de euros en tierras de cultivo y un piso en París. Incluso el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, un ex maestro de escuela, resultó ser un millonario con varias propiedades a su nombre.

 

Casas de campo de lujo, departamentos multimillonarios, tierras en varios lugares, sofisticados y exclusivos automóviles, forman parte del refinado gusto de estos socialistas. Hollande, arrinconado por el escándalo de Cahuzac, ha ofrecido que esa ley de transparencia, que ha descubierto un gabinete bastante opulento, se aplicará a los parlamentarios quienes han puesto, como era de esperarse, el grito en el cielo. Los otorongos son iguales en todas partes. Es interesante ver y seguir de cerca lo que ocurre en Francia donde la gran transformación viene ocurriendo pero en las billeteras de quienes por encargo detentan hoy el poder.

 

Alfonso Baella Herrera

@alfonsobaella

Publicado en Expreso el 8.5.2013

  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • Google Buzz
  • LinkedIn
  • Tumblr
  • Yahoo! Bookmarks
  • E-Mail

Leave a Reply