LA CULPA DE TODOS

Ayer han continuado las marchas, los cacerolazos, los bloqueos, los enfrentamientos y el amedrentamiento a quienes no están de acuerdo con los violentistas. Doscientas familias han tenido que dejar sus casas por temor a las amenazas. La prensa cuyo labor es informar también ha sido acosada y agredida como lo señaló el Instituto de Prensa y Sociedad, en un comunicado. El ministro Pérez Guadalupe dijo en la mañana que “ni la Policía, ni el Ejército van a solucionar los problemas de fondo”. Esa es la verdad. Hay algo mucho más grande y complejo que emerge de esta crisis y que no tiene que ver con la contaminación ni con la minería.

14052015Aquí hay una profunda crisis de credibilidad y de confianza. La empresa no le cree al estado. El estado no le cree a la empresa. El pueblo no le cree a la empresa ni al estado. Nadie cree en nadie en un perverso juego de poder. Es difícil ver la luz cuando de un lado están los fusiles y del otro las huaracas. El estado de derecho suena hueco, incomprensible y fuera de lugar. Esa es la realidad.

Cuando se limpien las calles y se apilen las piedras, cuando se apague el fuego de las llantas, cuando se reparen la casas dañadas, cuando se curen las heridas y cuando los muertos sean un triste recuerdo, quedará un tema sobre la mesa: una profunda y dolorosa desconfianza.

Muy al margen de Pepe Julio Gutiérrez y sus lentejas o de los partidos que cambiaron la camiseta roja por la verde del ecologismo y los dólares, mucho más allá de todo ello, hay un asunto bien complicado y tiene que ver con que no nos estamos entendiendo ni aceptando entre peruanos. Y eso es mucho más grave que las congas, los pichanakis o las tía marías.

No se trata sólo de meter a la cárcel a unos u otros; se trata de reflexionar sobre las razones y de comprender cómo ante lo que parecen enormes beneficios para la población, ante lo técnicamente perfecto, esta no los quiere y los rechaza; y está dispuesta inclusive a marchar semana tras semana para que una mina –supuestamente portadora del presente y del futuro- no se enclave en su territorio.

Cuando veo a los jóvenes comentar y compartir en las redes sociales su negativa a la explotación minera tengo la impresión que estamos sobre algo mucho más grande que un problema de comunicación o de política. Quizá sea el momento no sólo de la psicología o la sociología sino de la antropología y la historia. Hay quizá que sentarse otra vez en el tablero para revisar las verdades. Tía María quizá sea una oportunidad para reencontrarnos si somos capaces de hablar con más humildad, sinceridad y menos soberbia. No es la culpa de uno, quizá sea –en el fondo- la culpa de todos.

Por: Alfonso Baella Herrera
Publicado en Expreso el 13.5.15

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