LA CONFIANZA ES COMO UN CRISTAL

La confianza es como un cristal -me decía un amigo- y una vez que se rompe es muy difícil que pueda restaurarse. Aún cuando pueden pegarse las partes es imposible que quede igual. El historiador rumano Nicolae Lorga lo decía con una simpleza con olor a sabiduría: “la confianza sólo se pierde una vez”.

 

La encuesta sobre confianza empresarial “Expectativas Macroeconómicas 2014” elaborada por el Banco Central de Reserva del Perú (BCR) y publicada a finales del mes pasado, muestra, en un horizonte de tres meses, una caída de 2 puntos y se ubica en 53.1%, asomándose a terreno pesimista. Igual ocurre con las expectativas sobre la demanda de productos, la contratación de personal y la situación general de las empresas.

 

Los paquetes económicos que el Ejecutivo intenta impulsar debieran devolver intensidad, velocidad y sobre todo confianza. Por eso es indispensable que el gobierno –de manera integral- maneje un único discurso. Toda la inversión pública ofrecida por el ministro de economía Alonso Segura y toda la inversión privada necesaria y comprometida pueden ser insuficientes si no se trabaja a la par el discurso político que nos aleje del enfrentamiento. No hay forma de invertir en medio de una batalla por el adjetivo más descalificador.

 

La economía no cobra impulso. En diciembre pasado, el BCR estimaba que el crecimiento de noviembre sería “ligeramente menor” a 2.68% pero apenas llegamos al 0.31% en lo que representa la tasa más baja en los últimos 12 meses.

 

La reflexión, extensiva al gobierno y a la oposición, es cuánto de esas malas cifras podrían cambiar si nos enfocáramos en temas más optimistas y positivos; y si hubiera menos insultos, más debate sobre propuestas e ideas y más apoyo a temas como educación, salud, seguridad y, por cierto, infraestructura.

 

El gobierno debería ser el principal interesado y un incansable promotor de un clima de respeto que entusiasme a todos y que procure iniciar el proceso de recuperación de la confianza perdida. Ese debería ser un buen propósito para arrancar este 2015.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

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