“Jobs”

El jueves 6 de Octubre el mundo amaneció con una triste noticia protagonizada, paradójicamente, por uno de los hombres que más alegría dio a millones en los últimos años.Steve Jobs, dueño de Apple, había muerto la noche anterior a los 56 años producto de un cáncer al páncreas. Esta terrible enfermedad lo había vencido pero él pasaba a la inmortalidad. Su vida había sido una intensa combinación de pasión y perseverancia.

 

Jobs no sólo fue un ícono de la multimillonaria industria que crece en el Silicon Valley en Palo Alto, California; uno de los más grandes inventores y reinventores de nuestro tiempo; o un súper exitoso empresario. Fue más allá y como suele ocurrir a menudo con los hombres que logran trascender su tiempo y espacio logró inspirarnos por su valentía,  fe y  fuerza interior.

 

Sus palabras en junio del 2005 en la Universidad de Stanford son parte de un legado tan o más importante que los Ipod touch, Ipads o iphones que vendió por millones en todo el mundo.  Jobs dijo en esa oportunidad: “Tu tiempo es limitado. No lo desperdicies viviendo la vida de otro. No dejes que el ruido de los demás opaque tu voz interior. Y lo más importante ten el coraje de seguir tu corazón y tu intuición”.

 

Con esas frases nos habló del corazón y al corazón y nos lanzó el enorme desafío de vivir la vida plenamente en la dirección de nuestros propios sueños porque no hay otra forma de avanzar sino es rompiendo la inercia o la comodidad que es, a veces, un tipo de mediocridad.

 

Cuando se escriba la historia de este tiempo se hablará de adelantos tecnológicos que rompieron paradigmas pero sobre todo se recordará el mensaje y la vida de Jobs; porque no hay tiempo que perder para vivir la vida de uno mismo.

 

Ese 6 de Octubre en la mañana me encontraba en la puerta de la tienda Apple signada con el 767 de la 5ta Avenida en New York. Allí un niño de 6 años, arrodillado sobre el asfalto y frente a una suerte de altar de fotos, manzanas, cartas y diversos objetos que la gente ponía en honor del dueño de esa tienda, escribió un pensamiento en un post-it que luego pegó en la pared junto con otros cientos que yacían allí. El niño luego bajó la cabeza en señal de reverencia, hizo una pequeña oración y  volteó cogiendo la mano de su madre que miraba con el mismo respeto. Quizá este escena es la que mejor describe lo que fue y lo que hizo este hombre. Jobs cruzó generaciones y las cautivó a todas por igual. Gracias Steve.

 

Alfonso Baella Herrera

www.baella.com

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