IMPREDECIBLE

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define impredecible, como “Imposible de predecir” y predecir, como “anunciar de antemano algo que va asuceder”. Me pregunto: ¿alguien puede predecir, con cierto grado de certeza o aproximación, lo que va a suceder con nuestro presente y futuro como país?
Impredecible parece la mejor palabra para definir la conducta que este Gobierno comienza, lamentablemente, a transmitir cada vez con mayor énfasis.

 
Si el caso Repsol golpeó la credibilidad y la confianza, la acción gubernamental -en lugar de reconstruirla o repararla- prosigue con su deterioro.
Si nos ajustamos a los hechos el Gobierno hace su mejor esfuerzo por ensombrecer su propio andar. La falta de un horizonte o de una idea, de a dónde ir y cómo, desnudan improvisación, impericia y hasta irresponsabilidad.

 
A la falta de decisión para sacar adelante decenas de proyectos paralizados y liderar las inversiones que verdaderamente ayudarían a reducir la pobreza, ahora impulsa una ley de comida chatarra que trasluce una voluntad política que terminará por recortar la libertad, además de crear innumerables problemas a todas las actividades conexas y alentará la informalidad.

 
Igual que con el deseo de imponer el Servicio Militar Obligatorio, la ley chatarra busca obligarnos a hacer tal o cual cosa porque el Estado lo quiere. Y mañana ¿qué más será? ¿Se le ocurrirá por ejemplo a Daniel Abugattás o a Jaime Delgado, defensores oficialistas de todos estos despropósitos, que deben nuestros hijos regresar al uniforme escolar único color gris rata del gobierno de Velasco?¿Será ese otro paso para su delirante inclusión?

 

Nuevamente el Gobierno libra una batalla absurda y usa los mismos argumentos estatistas de siempre. Es decir, pretende que el Estado sepa lo que es bueno para ti, tu familia y tu futuro. Crucen los brazos que “Papá Ollanta y Mamá Nadine” resolverán tus problemas. ¿Parece esta una campaña electoral oficialista?

 

El presidente prefiere en estos días seguir hablando de panzones cuando debería estar haciendo el inventario de obras que nos va a dejar a los peruanos. Se le eligió, en el peor de los casos, para mantener el crecimiento y para hacer más colegios, hospitales, puentes y carreteras. Su trabajo es además promover la inversión nacional y extranjera, y atraer capitales. Los ciudadanos, los que no votamos por él y los que sí lo hicieron; todos, vamos a exigirle resultados concretos. La mesa se le entregó bien servida.

 
Resulta, por lo demás, extraña la insistencia en esta ley, como en las últimas iniciativas igualmente descabelladas. ¿Podrían ser globos de ensayo para distraer?¿Qué o quién cocina la verdadera chatarra política?¿Por qué el Gobierno insiste en enfrentarse a los empresarios?¿Quién, realmente, promueve este enfrentamiento y con qué fines?

 

Por momentos es difícil imaginar qué nos depara el futuro. Es difícil saber hoy si el Perú avanza o retrocede. Lo único que nos debe quedar claro, ante este gobierno impredecible, es que lo que sí debe seguir avanzando es el reloj para llegar al 2016 y cambiarlo por otro bien distinto.

 
Alfonso Baella
@alfonsobaella

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