Farándula congresal

La manera en que la Dra. Yeni Vilcatoma decidió terminar con su fugaz militancia partidaria es un tema de forma y no de fon­do. Es decir, nadie discute la posibilidad de discrepar dentro de un grupo político pero es en la manera de hacerlo donde está el problema. “Su” proyecto de ley, que no era otro que el que estaba en el Plan Perú de Fuerza Popular, no estuvo ni está en discu­sión y no fue esa la razón del desenlace final sino la forma en que ella sobrerreaccionó y la imputaciones sin pruebas que lanzó con­tra sus colegas de bancada.

b21092016Remontémonos un poco atrás. Yeni Vilca­toma decidió, luego de entrevistarse con varios partidos y movimientos políticos a fines del año pasado –que vieron en su desempeño frente al gobierno de Ollanta Humala y Nadine Heredia, valentía y capi­tal político- entrar a la política partidaria y consiguió una ubicación privilegiada en la cúpula del poder congresal naranja. Fue, nada menos, la candidata con el número 2.

Los pergaminos parecían suficientes para unos, aunque para otros la grabación de una conversación privada con su jefe direc­to y, en ese momento, ministro de Justicia, la mostraban como una persona potencial­mente desconfiable. A pesar de ello logró una curul formando parte de la mayoría absoluta de Fuerza Popular.

A estas alturas y habiendo ella misma pedido disculpas a los que se sintieron ofendidos –en privado, según lo trascendi­do- y habiendo también ofrecido retirar la denuncia contra Héctor Becerril, resulta en una crisis de falta de experiencia o excesivo ímpetu; para ser benevolentes.

No falta quienes imputan a Vilcatoma cier­to afán farandulero. Ademanes, desplantes, frases a periodistas como «me reservo mi derecho de opinión» y, finalmente, llan­to, han dado la impresión de querer ser el centro de atención sin tener, en el fondo, ni razón ni argumento.

Su futuro es incierto pero la resultante no abona en su favor. Yeni deberá reinventar­se si quiere, a partir de ahora, ser tomada en serio. Cualquier grupo que la acoja co­rrerá ese riesgo. El de una congresista que no parece entender la dinámica de la par­ticipación política en democracia; donde la búsqueda del consenso entre colegas es un imperativo y donde la hipersensibilidad debe dejarse de lado por un bien mayor.

Los peruanos hemos vivido en los últimos años un Parlamento de farándula con es­trellas que resultaron estrelladas; ojalá que ella no pretenda ese lugar en la historia de la política peruana.

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