FALTA UN NIÑO EN EL GOBIERNO

 

 

A veces es bueno revisar algunas fábulas para entender lo que pasa en la política nacional. El Traje Nuevo del Emperador, es un clásico y antiguo cuento de hadas danés escrito por Christian Andersen.

 

Según el relato, hace muchos años vivía un rey muy ineficiente pero con una corte que sólo le aplaudía sin hacerle ver sus errores. Dos charlatanes se le acercaron y le propusieron hacer un vestido que sólo podrían ver las “buenas” personas. Por supuesto no había prenda porque los pícaros hacían la finta que trabajaban en la ropa, pero se quedaban con los finos materiales que solicitaban para tal fin.

 

Sintiéndose el rey ansioso se probó el traje invisible y lo hizo “ver” por sus hombres de confianza, los que no dudaron en decirle, obviamente mintiéndole, que estaba hermoso. El rey salió a caballo por la ciudad encontrándose con sus cortesanos que aplaudían, nuevamente mintiéndole, la existencia del supuesto traje. Todo funcionó hasta que un niño dijo con total sinceridad en la calle: “Pero si va desnudo”. Cuando fueron a buscar a los charlatanes habían fugado con todo el oro y las joyas del rey.

 

La metáfora enseña una situación en la que un grupo de asesores de confianza deciden de común acuerdo compartir la ignorancia colectiva de un hecho obvio; es decir mentir y hacerle creer al supuesto líder algo que no es. La situación no exime al caudillo de responsabilidad, pero ocurre con frecuencia que quienes están en una posición de poder se rodean de charlatanes para que les digan que son lo que no son, que aciertan cuando yerran o que pueden hacer lo que es imposible.

 

Nuestra política se parece mucho a este cuento. Pero no es solo en el pináculo del poder político; en realidad este comportamiento se manifiesta en todo centro de poder.

 

Por eso siempre es bueno rodearse de personas adecuadas pero sobre todo de no perder los cables a tierra. La cosa se complica cuando quienes pululan lo hacen para beneficio personal, buscando rápida fortuna a costa del erario nacional.

 

El episodio en el que están hoy inmersos el presidente y su esposa -ambos por igual- tiene mucho que ver con charlatanes, advenedizos y agoreros. También tiene que ver con haberlos dejado ser y crecer a su alrededor. Ni el “rey” ni la “reina” pueden sustraerse a su responsabilidad. Cada minuto es más evidente la falta del niño que les diga la verdad; y cada segundo la realidad apunta en una sola dirección.

 

Por Alfonso Baella

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