Escaramuzas antes del 2016

La revocatoria a la que asistirán los vecinos de Lima el 17 de Marzo ya no es sólo un acontecimiento vecinal, local o meramente capitalino. Eso pudo haber sido al principio, cuando era, un deseo, un rumor, no habían firmas y la posibilidad de la revocatoria era sólo un mal sueño para los que están ahora en el banquillo de los revocados. Cuando los revocadores interpretaron el sentimiento popular de descontento y frustración ante una gestión edil débil y sin liderazgo, la revocatoria comenzó a formarse en el imaginario como una llamada de atención o, en el extremo, como el reclamo ante la frustración popular. Poco o nada habían recibido y, por lo tanto, quienes votaron por Susana Villarán de la Puente, querían ajustar cuentas. Digamos que, más allá del debate sobre la legitimidad u oportunidad de la propia institución de la revocatoria, lo que estaba en cuestión al principio de este proceso era solamente si la actual administración edil seguía o no. Pero eso fue sólo al principio.

 

Con el transcurrir del tiempo y a 60 días del “Día D”, el escenario no es ya el de una mera consulta popular para confirmar o cambiar a la autoridad local. La dimensión que va tomando este proceso, sobre todo en lo político, lo aleja de lo vecinal y lo acerca claramente al escenario electoral de las presidenciales y congresales del 2016. Lo que está en juego en la próxima “batalla por Lima” es la demarcación territorial y el pulseo de fuerzas con miras a otro proceso mucho más grande.

 

Veamos sino en qué se han convertido los bloques del SÍ y del NO. En el lado de los revocadores está con claridad sino una alianza por lo menos una coincidencia de ruta entre Solidaridad Nacional, el APRA, el Fujimorismo junto con un amplio sector de no partidarizados representados en organizaciones sociales independientes. En la otra orilla la izquierda jurásica donde destacan Tierra y Libertad de Marco Arana y el MAS de Gregorio Santos, Perú Posible, el unipersonal Somos Perú y algún otro minúsculo grupo.

 

La confrontación, que se agudizará hasta niveles que parecen hoy insospechados, ha traído de una parte hasta asesores publicitarios presidenciales y operadores financieros bien conocidos. ¿Todo este movimiento de tropas es sólo para qué Lima no se detenga o para que los cucos mafiosos no nos coman? Parece excesivo.

 

Lo que también parece estar en juego, es la plaza política que Lima representa y, por lo visto, los beneficios implícitos que de ello se desprenden. Si Villarán no es revocada su candidatura o cualquiera proveniente de quienes hoy promueven el NO estará lista, validada y aceitada para el 2014 y el 2016. Es curioso ver a varios que se hacen los desprevenidos repitiendo “no pasa nada, yo voto por el NO” sin comprender, aparentemente, lo que está realmente en juego.

 

Dicho esto vale la pena felicitarnos por los 39 meses consecutivos de crecimiento económico, la reducción de la pobreza, el descenso del desempleo y el crecimiento de la clase media. Que sea también oportunidad para recordar cómo llegamos a “la hoja de ruta” y donde están quienes se opusieron y se oponen aún a ella.

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