¿Es posible un peor Congreso de la República?

 

 

Siempre se puede caer más abajo y siempre hay lugar para estar peor, pero lo conseguido por el actual Congreso de la República en descrédito, frivolidad, clientelismo, corrupción, grosería e inmoralidad parece difícil de superar.

 

Desde que arrancó, el 28 de Julio del año pasado, con una vergonzosa sesión inaugural llena de provocaciones, gritos e insultos -entre oficialismo y oposición- la cosa no pintaba bien. Pero lo que vino después nadie podía imaginar sería tan triste para la democracia.

 

Desde los “comeoros”, ”perromuertos”, ”robacables”, “proxenetas” y “plagiadores”  hasta el último espécimen conocido – que miente descaradamente en su hoja de vida para no cumplir con lo que debería ser un deber moral (como los alimentos de su hijo)-, pasando por muchos otros promotores de todo tipo de iniquidades, lo que constatamos es que, para una buena parte, ser congresista fue el boleto de una rifa comprada en una feria dominical.

 

No en vano el Pastor Humberto Lay, Presidente de la comisión de Ética, ha tenido y  tiene aún la difícil, interminable y providencial labor de recordar principios éticos y morales a decenas de estos “Padres de la Patria” que parecen haberlos olvidado.

 

Pero no sólo han sido un buen número de parlamentarios a quienes la ciudadanía debe agradecerles los papelones sino a los propios directivos, que han decepcionado a los electores, como en el caso del absurdo “viaje de representación” a Ica, en el que se levantaron muchas expectativas y terminaron, en los hechos, burlándose de los golpeados iqueños porque muy pocos de los ochocientos pedidos recogidos -luego de seis meses- han sido atendidos, o como el desmontado “programa de gestores” que terminó siendo una suerte de oficina de empleo para el partido de gobierno mereciendo el rechazo general y reduciendo la aprobación de este Poder del Estado a un peligroso 18.7% (Según Ídice).

 

Un país en crecimiento económico sostenido, visto por muchos como un ejemplo, debería  tomarse un tiempo para reflexionar seriamente sobre su Poder Legislativo. La calidad parlamentaria tiene que mejorar mucho. Quizá los partidos políticos más antiguos tengan la oportunidad de formar cuadros y presentar personas verdaderamente preparadas, honorables y comprometidas. No podemos asistir nuevamente a otra subasta de puestos en las listas parlamentarias con las consecuencias conocidas. Lo que hoy vemos sirve de muy poco a la democracia que todos queremos fortalecer y que es indispensable para consolidar nuestro desarrollo.

 

Si se supone que lo mejor de la denominada “clase política” debería estar en el Congreso, tenemos que comenzar a buscar otras canteras con urgencia. Hay excepciones notables pero el rumbo general de la representación nacional debe corregirse y ponerse a la altura del país que queremos. Quizá lo más cerca y los más prístino sea la juventud y quien sabe si la luz debiera iluminarnos desde esos bastiones. Veremos quién la enciende.

 Alfonso Baella Herrera
  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • Google Buzz
  • LinkedIn
  • Tumblr
  • Yahoo! Bookmarks
  • E-Mail

Leave a Reply