Entre Bloomberg y La Guardia: liderando con el ejemplo

New York es una electrizante ciudad con más de 8 millones de habitantes.  No sólo es una de las más importantes de los Estados Unidos sino del mundo. Su valor político, por lo tanto, no es desdeñable y más bien suena interesante para cualquiera con interés presidencial en Norteamérica. El camino a la Casa Blanca puede tener en la Gran Manzana una primera parada.

Michael Bloomberg,  su alcalde, ha inaugurado hace poco su tercer periodo consecutivo luego de suceder a Roudolph Giuliani desde el año 2001.

Para garantizar este tercer período Bloomberg usó una retórica y una estrategia política que podrían resultar familiares donde la búsqueda de la reelección es casi una costumbre de quienes llegan al poder.  Primero logró cambios legales para eliminar los límites a la reelección, obtuvo el apoyo de los medios de comunicación más influyentes de la ciudad y después invirtió en la campaña dinero como nunca se había visto en Nueva York.

Bloomberg,  que ha cambiado de camiseta en cada elección y del Partido Demócrata pasó al Republicano para luego dejar este último y declararse independiente, ha gastado entre 80 y 120 millones de dólares en su última campaña municipal, en una proporción 14 a 1 con respecto a William C. Thompson jr., su competidor, a quien ganó con apenas 5% de diferencia.

Muchos han dicho que este millonario compró su elección en busca de mantenerse en la vida pública y usar la alcaldía de New York sólo como trampolín. El tiempo lo dirá pero lo cierto es que Bloomberg es uno de los 100 hombres mas ricos de los Estados Unidos con una fortuna alrededor de los 20 mil millones de dólares y dueño de la súper empresa de análisis financieros que lleva su apellido, la conocida Bloomberg.com

Lo que critican además son ciertos cambios en su forma de ejercer el liderazgo. Durante su primera administración Blomberg se caracterizó por ponerse del lado de la gente común y corriente. Era conocido por caminar de su casa y tomar el tren en la estación Lexington con la 77 avenida y luego de dos conexiones llegar a su trabajo a pie, como millones de personas lo hacen en New York cada día. Resultaba meritorio que un hombre con el dinero que el tiene compartiera la espera, el apretujamiento, la bulla y los olores del sistema de trenes de esta ciudad, pero ese acto lo acercaba a la gente, lo humanizaba, lo hacía liderar con el ejemplo.  Pero eso fue sólo el primer término porque durante su segunda administración se montó en su 4×4 y llegó siempre puntual e impoluto a su oficina en el City Hall.

Muy distinto fue Fiorello La Guardia, alcalde de esta ciudad de 1934 a 1945, conocido por transformar el gobierno corrupto y en bancarrota que heredó en uno cuya meta fue satisfacer las necesidades de una ciudad atribulada y abrumada por la depresión. La Guardia viajaba en automóvil pero rara vez llegaba a su oficina sin primero hacer una ronda por cada punto neurálgico de la ciudad. Caminaba la calle y sentía la ciudad.  Una vez bajó una cuadra antes de llegar y sin que lo notaran comprobó la lentitud en la atención de una cola de gente que aplicaba para el servicio social e inmediatamente recriminó a los controladores. La Guardia se ponía del lado de la gente, los hacía sentir importantes y lideraba con el ejemplo.

¿Qué importancia tienen estos dos casos? ¿Valen una reflexión?

Sin duda el voto es una manera de ejercer nuestra ciudadanía eligiendo libremente una autoridad, pero es mucho más que ello; también, en ese acto, elegimos otras cosas de enorme importancia. Con un voto también marcamos territorios, sentamos principios, definimos valores y promovemos conductas positivas en la sociedad. Nuestro voto tendrá una  influencia importante en nuestros negocios, entornos y familia. Por eso quienes aspiran a ser autoridades elegidas deben liderar con el ejemplo, deben ser transparentes pero sobre todo deben tener la verdad y el respeto hacia los ciudadanos como una conducta permanente más allá inclusive de la elección. Debemos pedir esto, tenemos que exigir que así sea, porque votar es dar un mensaje y elegir una autoridad es también escoger una forma de vivir.  No sólo necesitamos buenos  sino grandes líderes a quienes seguir.

Alfonso Baella
www.baella.com
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