EN EL VALLE DE LOS EMPRENDEDORES

“De lo que tenemos que cuidarnos es de lo que no conocemos. En este momento en alguna cochera del Silicon Valley pueden estar creando la próxima tendencia global. Ese es el riesgo”. Esta declaración la hizo el viernes pasado uno de los altos ejecutivos de Paypal, una plataforma de pago on line, en San Francisco, California, Estados Unidos. La misma encierra la esencia fundamental que ha convertido este lugar en la Meca de la innovación. 

 

Aquí, a manos de jóvenes, se han creado marcas como Microsoft, Windows, Sun Microsystems, Yahoo, Oracle, Adobe, Cisco, Intel, Apple, Google, Facebook, Twitter, Youtube, Ebay, Paypal, Linkedin, Nike, Amazon, Safari, Chrome; pero también aplicaciones como skype, Instagram, Evernote, Whatsapp, Yammer, Line, Waze, Netflix, Viber, Pinterest, Bitcoin y miles más, en todos los campos, como educación, deportes, finanzas, medicina, seguridad, comunicaciones, retail, etc.

 

¿Cómo se ha logrado esto?¿Qué ha convertido un espacio geográfico de 50 km cuadrados en un lugar donde todos van a mil por hora pero sobre todo donde compartir es casi como respirar y donde el error –en el proceso de desarrollo- se perdona pero jamás la burla?

 

Una respuesta está en la incansable capacidad de reinvención en función de las nuevas tendencias. De producir microprocesadores –precisamente de silicio-, pasó a la construcción de computadoras, a la creación de software, al Internet, a las redes sociales y ahora a la era de las aplicaciones; donde los “startups” o emprendimientos son su combustible.

 

El futuro huele a convergencia entre tecnologías de la información (infotech), biotecnología (biotech) y nanotecnología (nanotech).

 

Una de las claves ha sido y sigue siendo la universidad como catalizadora de este ecosistema. Stanford y Berkeley son un ejemplo, aunque hay otras más. Pero la esencia es celebrar el éxito del vecino y ayudar mientras se busca el propio. Los ex alumnos, muchos de ellos dueños de empresas que nacieron en garajes y ahora valen fortunas, donan millones de dólares anuales para promover la innovación que se deducen de sus impuestos y generan ingentes capitales en busca de ideas.

 

De hecho la tercera parte del capital de riesgo o venture capital en Estados Unidos se dirige a este lugar. Sólo como ejemplo, Google, un caníbal por excelencia, adquiere en promedio dos empresas semanales a un valor de 40 millones cada una. Y lo hace porque las incorpora a su propuesta de valor o porque quiere congelarlas.

 

La otra clave es más sutil y tiene que ver con esa suerte de “capital social” cuya base es el prestigio personal y la credibilidad; y que se resume en el dicho “…tanto haces tanto vales…”. Nadie duda de lo que dices, porque la mentira no es un recurso.

 

Mientras caminaba por Stanford -en este viaje en el que participe organizado por la Cámara de Comercio Norteamericana, AMCHAM- mientras escuchaba las presentaciones de startups y sus historias de éxito, mientras me sorprendía con la capacidad de innovación y la diversidad, era imposible no pensar en el Perú. Cuanta oportunidad tenemos en las mentes y en los corazones de los jóvenes emprendedores peruanos. El desafío es cómo los llevamos allá o cómo reproducimos aquí ese ecosistema tan virtuoso.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso 13.10.13

  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • Google Buzz
  • LinkedIn
  • Tumblr
  • Yahoo! Bookmarks
  • E-Mail

Leave a Reply