EMBOSCADA DESDE EL PODER

Los ministros son para quienes menos existe estabilidad laboral. Ningún funcionario de ese nivel y menos un primer ministro tiene el puesto asegurado. Los hombres de fajín trabajan, en extremo, en base a confianza, pero también a percepciones y a coyunturas. La confianza acaso sea el oxigeno para levantarse en las mañanas y asumir retos, desafíos y, muchas veces, poco reconocimiento cuando no crítica, con razón o sin ella. Para quienes asumen el cargo, por sus méritos profesionales o políticos, y trabajan con responsabilidad, ser ministro es un encargo que ennoblece.

 

Pero debe ser duro, siendo primer ministro, comprobar celadas, traiciones y emboscadas de quienes son tus colegas de gabinete y quienes te deben, si eres premier, un mínimo sino de lealtad por lo menos de respeto. Y debe serlo aún más, cuando la trampa viene de quienes te ofrecieron el cargo, haciéndote renunciar a uno regional que ejercías con eficiencia y eficacia; y por la voluntad popular, prometiéndote a cambio una oportunidad estelar para servir al país desde el gobierno nacional.

 

Dicho esto es claro que la salida de César Villanueva no ha tenido con ver con el sueldo mínimo vital. Esa discusión fue sólo un ardid, una tramoya o una jugarreta armada en el corazón de palacio y a pocos metros de su propio despacho. Villanueva reveló que estuvo conversando con el presidente el último Domingo en la noche, en palacio, mientras era víctima de una emboscada desde un canal de televisión. En política los crímenes requieren siempre un pretexto y el sueldo mínimo vital fue sólo eso, una excusa.

 
Lo ocurrido evidencia por lo menos tres cosas. En primer lugar la utilización, sin el menor rubor, del nombre y prestigio de una persona para ganar tiempo frente a temas que este gobierno, ahora sí es claro, no tiene la decisión política para enfrentar o simplemente quiere tapar. En segundo lugar la soberbia de Nadine y de quienes se sienten, hoy más que nunca, sus predilectos. Ayuda muy poco esa actitud y más temprano que tarde traerá consecuencias que todos lamentaremos. Finalmente la triste complacencia y el poco respeto hacia la institucionalidad por parte del gobierno y de muchos que deberían no festejar, como lo hacia la primera dama –a todo balcón- durante la juramentación del nuevo gabinete, sino exigir decoro y un mínimo de respeto hacia las personas y formas. Un país que quiere crecer de verdad no sólo debe hacerlo en sus guarismos sino también en la honorabilidad de su clase dirigente.

 
Con las alarmas prendidas por la desaceleración de la inversión privada -por quinto trimestre consecutivo (http://bit.ly/N03LTZ )- y por un sinnúmero de temas pendientes urgentes, el quinto gabinete del presidente Ollanta Humala y de su esposa Nadine Heredia deberá acudir al congreso en los siguientes 30 días para pedir, a cambio de exponer su plan de gobierno, un voto de confianza.

 
Veremos los ojos de ese nuevo premier, de esos ministros, y trataremos, de creer en lo que dicen y en lo que prometen pero todos, los honorable ministros y los simples ciudadanos, deberemos estar más atentos a la próxima emboscada desde el poder; porque esta no ha sido la primera ni será la última.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

 
Publicado por Expreso el 24.2.14

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