EL ÚLTIMO VAGÓN DEL ÚLTIMO TREN

La relación entre la política y la economía es indudable. Un país como el nuestro, para seguir creciendo a los niveles necesarios, para continuar reduciendo la pobreza e incluir efectivamente a más peruanos al círculo virtuoso del desarrollo, requiere plantearnos metas ambiciosas más allá del 5% de crecimiento anual del PBI. 

 

En ese sentido el anuncio realizado hace algunas horas por el primer ministro, César Villanueva, de darse un plazo –hasta Julio del próximo año- para lograr una inversión de 12,000 millones de dólares es realmente importante. Y resulta fundamental no por la cifra misma, podría haber dicho 10 o 30 mil millones, sino porque lo ha dicho el Jefe del Gabinete y porque constituye, sobre todo, un derrotero, un objetivo claro y un mensaje político hacia fuera del gobierno pero también y sobre todo, hacia dentro.

 

Villanueva está moviéndose, aún en un segundo plano. Pero sabe que tiene que actuar muy rápido para consolidar su liderazgo dentro de un gabinete que no ha sido suyo, que está apenas parchado y que además no le ayuda a reenfocar la agenda de los temas nacionales si el ruido político y el enfrentamiento continúan siendo lo más importante para las portadas de los diarios y para los noticieros de la noche.

 

Lo que debe promover es, en verdad, la agenda educativa, de seguridad, de infraestructura, de salud y del crecimiento; y lo que menos deben hacer sus ministros es generar enfrentamientos ni poner sobre la mesa agendas personales y del pasado. No puede existir crecimiento en medio de diatribas ni infundios. Político que baja a ese nivel se convierte en un obstáculo y debe dar un paso al costado.

 

El premier sabe que tiene, aún de su lado, a la opinión pública. Su presentación en el congreso tuvo sobre todo un tinte político diferente. Lejos de atacar a la oposición, la trató con respeto y consideración, y no cayó en el epíteto, el insulto, ni el adjetivo calificativo, tan común en la bancada oficialista pero tan nocivo cuando se trata de construir consensos y visiones comunes.

 

Hoy una creciente mayoría de peruanos sentimos que la economía y la política van en sentidos opuestos. Mientras la primera intenta crecer la segunda va en picada. Esa percepción es muy negativa y si no la cambiamos, si no somos capaces –y los líderes políticos tienen la mayor responsabilidad- de restablecer el diálogo fructífero, maduro y respetuoso, terminará por arrastrarnos al inframundo.

 

Hará bien el presidente de la república en procurar entender la importancia del papel de un verdadero primer ministro; que está para generar nuevos espacios, nuevos consensos y nuevos aliados. Para este gobierno César Villanueva bien puede ser el último vagón del último tren, frente al cual sólo hay dos opciones: o te subes y avanzas, o lo dejas pasar y te quedas donde estás; aislado y sin futuro. Veremos si a la mitad de su mandato Ollanta Humala entiende la urgencia de impulsar verdaderos liderazgos.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado por Expreso 8.12.13

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