EL PODER ES EFÍMERO

La falta de votos suficientes para lograr la investidura del gabinete demuestra que sin libertad y sin autoridad plena por parte de Ana Jara para hacer los cambios y ajustes, que ella sabe son necesarios, no hay salida a esta crisis. Hay por lo menos tres hechos que el presidente debería reconocer si desea, en verdad, pasar sobre esta coyuntura y avanzar con relativa calma hacia el tramo final de su mandato constitucional.

 

El primero es que si bien el trabajo de Jara es reconocido por todos –inclusive más por la oposición que por el oficialismo, y ha traído un aire realmente refrescante, al punto de crear un ambiente propicio para el acercamiento y el diálogo respetuoso– ocurre que eso sólo no basta. Si ella tiene que supeditar sus decisiones a pareceres palaciegos –básicamente a Nadine– y no puede hacer los cambios necesarios, su autoridad simplemente desaparecerá.

 

El segundo hecho es que Jara, por más cercana que sea, no debería ser como Jiménez o Cornejo, y menos como Solórzano. Es decir no está para obedecer de rodillas –sin dudas ni murmuraciones– sino para operar políticamente, agregar valor, generar matices; y para eso se requiere espacio y poder de decisión.

 

El tercer hecho es que el partido de gobierno ya no tiene mayoría en el Congreso y no la tendrá más. Y con una campaña presidencial y congresal en ciernes la bancada oficialista sufrirá todavía más deserciones y la atomización de la negociación complicará cualquier decisión en el futuro.

 

Dicho esto estamos ante el hecho que Nadine y Ollanta deben compartir el poder y aceptar las decisiones que tome Jara en adelante. No pueden mandar como antes por interpósita persona. O empoderan a su premier o se atienen a una crisis de consecuencias imprevisibles.

 

Por eso las decisiones que deban tomarse en las próximas horas y en los próximos días –si se cambian tales o cuales ministros, o si se toma tal o cual decisión de gobierno– dependerán en buena cuenta que los actores principales entiendan que el poder, en la política, es efímero y que así como se acumula se pierde y, a veces, no se recupera jamás.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso 24.8.14

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