EL PODER DE LOS GALLINAZOS

El presidente Humala volvió, el Domingo último, a sorprendernos con una de sus máximas. Esta vez, preguntado por una joven periodista sobre su decisión de negar el indulto al ex presidente Alberto Fujimori, el mandatario respondió “Ese ya es un capítulo cerrado. Entiendo la contrariedad de los familiares más cercanos, pero creo que en este caso la prensa debe hacer una campaña de valores y no estar como gallinazos escarbando las cosas”.

 

No es la primera vez que el presidente pretende descalificar a la prensa independiente cuando esta hace su trabajo. No sorprende la evidente irritación que le produce que un simple reportero le formule una pregunta incomoda. No es novedad que un gobernante agobiado y presionado le eche la culpa a los medios. La historia nos recuerda que la prensa independiente siempre estorba a los regímenes autoritarios, mentirosos o corruptos.

 

En el Perú durante la dictadura militar encabezada por el General Velasco Alvarado –fuente de inspiración de la familia Humala y del presidente Ollanta Humala- la poca prensa independiente que quedó después de la expropiación y nacionalización de los medios reveló millonarios dispendios, burocracias doradas, corrupciones inauditas y hasta sistemas de seguimiento y espionaje a opositores y periodistas. Allí está la historia para quien quiera reflexionar.

 

En Estados Unidos, fueron los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward, quienes descubrieron el escándalo de “Watergate” obligando a dimitir a Richard Nixon, presidente del país más poderoso del mundo. Nadie los llamó gallinazos. Elevaron a su máxima expresión el periodismo independiente.

 

Por eso es muy bueno para nuestra democracia que el poder y la prensa se incomoden, se irriten y se guarden distancia. Al revés sería fatal. Pero una cosa es mantener una divisoria y otra denostar y banalizar el debate. Llamar gallinazos a la legítima y plausible labor de investigación y cuestionamiento que tiene la prensa no es sólo ofensivo sino que convierte a quien profiere esos calificativos en una suerte de matón de esquina que se envalentona sólo porque está rodeado de sus amigotes.

 

Lo cierto es que al presidente no le debe gustar, en modo alguno, el poder que los medios tradicionales tienen y que desde que empezó su gobierno le han marcado, sin duda, una buena parte de su agenda. La reelección conyugal tiene a la prensa como un bloque casi unánime que se ha opuesto y que seguro lo seguirá haciendo. Qué bueno por nuestro país y por las instituciones que todos estamos en obligación de consolidar!

 

Pero hay, además, otro poder. El de las redes sociales donde millones se expresan diariamente sin que el gobierno pueda controlar lo que la gente opina y publica. El periodismo ciudadano no requiere carné, título universitario ni medio alguno. Sólo necesita una computadora, un tablet o un celular conectados. Y en el Perú los ciudadanos pero sobre todo los jóvenes están aprendiendo a usarlas y a fiscalizar a sus autoridades.

 

En una democracia todos tenemos el derecho a conocer la verdad y las autoridades tienen la obligación de decirla; y si queremos escarbar para encontrarla es nuestro derecho. Y si al presidente de turno, a los ministros de turno o a alguna otra autoridad transitoria le molesta es absolutamente irrelevante.

 

Alfonso Baella

@alfonsobaella

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