EL MENSAJE DEL VENCEDOR

 

 

Hoy, Domingo 5 de Octubre del 2014, debemos acudir a votar por nuestros alcaldes y presidentes regionales. En el caso de Lima, la ciudad más grande del Perú, los vecinos debemos hacerlo pensando no sólo en quien hizo más obra sino en quién tiene las mejores ideas y el carácter para gobernar nuestra metrópoli, pero además quien es capaz de reunir consensos y visiones que nos permitan impulsar esta urbe a otra velocidad y en el verdadero camino de la modernidad.

 

De parte de los votantes es seguro que, como han señalado todos los sondeos, las expectativas estarán centradas en la reforma del transporte. Y es obvio, porque es imposible no acometer este problema. Y por eso la tantas veces mentada autoridad autónoma que debe integrar todos los esfuerzos, es indispensable. Igual en el tema de seguridad donde es necesario coordinar mejor entre serenazgo y policía, pero también entre autoridades distritales, provinciales y nacionales. Ocurre lo mismo con los recursos de nuestra capital; el canon para Lima debe gestionarse desde el próximo Lunes. Se requiere un shock de inversión pública si queremos hacer una Lima verdaderamente digna.

 

En la dirección de lo dicho, el mensaje del vencedor, cualquiera sea el ganador en las ánforas, no puede ser de soberbia. Lo peor que podría pasarnos, como ciudad, es que quien gane Lima equivoque el mensaje de esta elección y crea que ha sido elegido para gobernar de manera excluyente, solitaria e independiente. El nivel y la complejidad de los problemas es tal que requiere del concurso de todos los que quieran ayudar. No debe ser el triunfo de un partido sino la victoria de Lima y de la democracia. Es la hora de la suma y no de la división.

 

El mensaje del vencedor tiene, por ello, que enmarcarse en los parámetros de la crisis de transporte, seguridad y rentas, pero sobre todo en la crisis de liderazgo. Si quien gana este Domingo no entiende que debe liderar la ciudad con visiones de unidad, será muy difícil avanzar.

 

A partir del 6 de Octubre se abre un nuevo proceso que debe obligar a mirar el gobierno de nuestra capital en una sola dirección. Quien reciba el voto mayoritario tiene la obligación de entender el clamor popular que no quiere peleas y menos venganza. Lima puede ser mas justa y solidaria; pero sólo será posible si quien recibe el voto consagratorio lo entiende y lo expresa así de manera categórica. Que así sea.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso el 5.10.14

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