EL GOBIERNO TERMINÓ; SÓLO QUEDA LA ADMINISTRACIÓN

 

 

El 2016, año final del gobierno del presidente Ollanta Humala, será, en realidad, un año cortísimo. En los tres primeros meses arreciarán las campañas presidenciales y congresales. En los siguientes tres se efectuará la transferencia. Ese último semestre, es electoral y protocolar; y no hay espacio sino para ordenar las cosas y entregarlas, responsablemente, al nuevo gobierno que será elegido democrática y constitucionalmente.

 

Por lo tanto el 2015 es, en la práctica y verdaderamente, el último año de relativa utilidad. Sin embargo no hay espacio para grandes reformas como la laboral, previsional, educativa, policial o institucional. Quizá todavía quede algo de tiempo para una reforma política y electoral pero aún ello es difícil. Esperar que el poder ejecutivo la lidere y que los congresistas deroguen el voto preferencial, se pongan de acuerdo sobre los movimientos regionales y sobre el financiamiento público de los partidos políticos, es esperar demasiado.

 

El gobierno ya no tiene mayoría en el congreso y los resultados de las elecciones municipales y regionales lo han pulverizado políticamente. En Lima ganó la oposición; y sus aliados, Villarán y Perú Posible, fueron derrotados estrepitosamente. En provincias el partido de gobierno simplemente no existió.

 

Si en lo político la cosa es difícil, en lo económico no se prevé, lamentablemente, ningún cambio trascendente. El viernes pasado, el presidente del BCR, Julio Velarde, enmendó sus propias cifras –las mismas que han sido corregidas, hacia abajo, varias veces este año- y dijo que la expansión de nuestra economía el 2014 apenas sería de 3.1% y que el crecimiento de la inversión privada sólo 0.2%. Algo de eso es, por cierto, producto de factores internacionales, pero una buena parte es por algo tan simple como la falta de liderazgo para enrumbar al país.

 

Así las cosas el gobierno debe tomar conciencia de su fragilidad desde el punto de vista político y económico. Aunque suene duro debe reconocer que el gran momento para hacer cambios pasó, la gran oportunidad para las reformas ha terminado. Lo mejor que puede hacer Ollanta Humala, y quienes todavía lo acompañan, es hacer un último esfuerzo para que no sigamos cayendo en los indicadores económicos, bajar los decibeles del tono político y dejar las cosas en orden para el próximo inquilino de la casa de Pizarro. Debe entender, en suma, que el gobierno terminó y sólo queda la administración.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado por Expreso 22.10.2014

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