EL EPITAFIO POLÍTICO DE SUSANA VILLARÁN

Cuando Susana Villarán sobrevivió a la revocatoria se erigió, en opinión de algunos, como una mujer treja, valiente y hasta audaz. Su imagen finalmente quedó revitalizada. Gracias a los millones invertidos en esa campaña la sensación que quedó fue la de un pequeño saldo a favor. Suficiente para terminar e irse a su casa y, quien sabe más tarde o inclusive ahora, intentar volver.

B23122015Pero Susana no supo leer el inequívoco mensaje político detrás de las 22 cabezas que rodaron de su mayoría en el Concejo de Lima. Los vecinos de la capital la salvaron sobre todo porque afirmó que no iría a la reelección pero le dijeron, a través del despido de sus colaboradores políticos, que había ideologizado la gestión, que había sido ineficiente pero que la dejaban para cumplir con el mandato inicial. En pocas palabras le salvaron la cabeza y hasta le dieron la oportunidad de terminar su gestión.

Villarán no entendió y quiso, en verdad, burlarse de los vecinos de la capital. Dijo que no dijo lo que dijo y que ella iba a la reelección para salvar a Lima de las mafias representadas, según ella, por Luis Castañeda. Nuevamente en campaña y sin aclarar jamás el origen de los millones de dólares usados en la revocatoria, fue incapaz de mostrar obras o resultados. Apenas un 10% la relegó al tercer lugar muy lejos del ganador Luis Castañeda y del segundo Enrique Cornejo. Asintiendo, en apariencia, el golpe de las urnas prometió nunca más participar en un cargo público por votación.

Sin embargo en las últimas horas volvió a cambiar de posición. Hoy como ayer justifica el desconocimiento de su palabra empeñada en la obligación de enfrentar a un nuevo enemigo. Esta vez es el fujimorismo y el aprismo. El “sacrificio” de su dañada verosimilitud se justifica en esta gesta de salvación. Y si todo esto ya era suficiente como para bajarle el dedo y clasificarla como una política mentirosa, ella misma, se ha esforzado por agregarle a esa desilusión la vergüenza de juntarse con quien menos debía. Y aunque la palabra consecuencia tiene en el diccionario de la ex alcaldesa un significado laxo, etéreo o impreciso, los vecinos de Lima y los electores del Perú sí reconocen ese atributo en un político. De igual manera la falta del mismo merece el repudio generalizado.

Hoy decidió agregar, a la mochila repleta de ejemplos de incapacidad que fue su gestión edil, el “legado” de un gobierno del que suponíamos no recibió nunca nada pero que a la luz del discurso recién estrenado defiende con sospechosa vehemencia. Ahora resulta que se ha erigido en una suerte de instancia judicial supranacional cuando olvida sus propios cuestionamientos al Capitán Carlos –Ollanta Humala- y ya no quiere “que de la cara primero” como exigía en el 2006. Peor aún, exime de toda responsabilidad al Capitán Arturo –Daniel Urresti- del asesinato del periodista Bustíos cuyo juicio esta en curso en el Poder Judicial. De defensora de derechos humanos pasó a defensora de acusados por violaciones de derechos humanos. Villarán, da la impresión, ha olvidado todo pudor. En su afán de no perder protagonismo y ganarse un puesto público se inclina no al primer plato que le sirven sino al último que queda, aunque este sea rancio.

Urresti tenía algo de esperanza si subía en su combi a Abugattas y a Jara. Había, aunque lejana, una ínfima oportunidad de superar el 5% y meter un par de congresistas. Con Villarán se han sepultado en lo más profundo de la incompetencia. Al cadáver gubernamental debe sumar el cadáver de la incapacidad absolutamente probada de Susana Villaran de la Puente. Su designación sólo se explica en la desorientación y en la ingenuidad de Nadine Heredia. Para algunos es un triste final el de la ex alcaldesa, para otros ha hecho y dicho, en las últimas horas, todo lo necesario para merecer este tan miserable epitafio político.

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