EL CAMINO DEL DIÁLOGO

El viernes pasado el presidente convocó a los editores de economía de varios medios locales a Palacio de Gobierno. Habló varios minutos y luego respondió algunas preguntas. En su análisis introductorio el presidente reconoció los problemas que viene presentando la economía nacional pero señaló que el origen del “bache económico”, como él mismo lo denominó, estaba en la crisis mundial, en la caída de los precios de los minerales y en las pugnas electorales regionales externas que han afectado nuestra balanza comercial.

 

Sobre el intento de comprar Repsol por parte de Petroperú, y el efecto negativo que este hecho generó en la confianza de los inversionistas, el presidente señaló que no hubo tal caída de confianza y que “ese ha sido un problema mediático de la Lima criolla y jaranera”. No dijo nada sobre el impacto de la salida del canciller Roncagliolo, la campaña por la reelección de Nadine, el incremento del presupuesto de la Dirección de Inteligencia ni de las leyes contraproducentes que desalientan la inversión y que sus voceros, en el Congreso, alientan a más no poder. Para el presidente estos temas sólo existen en la imaginación de alguien pero no son parte de la realidad.

 

Dicho esto el presidente anunció siete medidas para intentar regresar las cosas al carril correcto y terminó diciendo: “Hemos declarado de interés nacional las inversiones”.

 

Es plausible la iniciativa presidencial. Dictar un paquete de medidas de aliento es una noticia buena y oportuna. Sin embargo la evidente desconfianza no se disipa con siete medidas ni con una conferencia desde palacio de gobierno. Si el presidente tiene realmente la voluntad de recuperar el liderazgo en el manejo de la cosa pública es indispensable declarar de interés público el diálogo, el intercambio de ideas y, sobre todo, escuchar a los sectores que están arriesgando enormes capitales precisamente en momentos en que hay una crisis internacional y los precios no son los mejores.

 

Es manifiesta y pública la aversión, la tirria y la ojeriza que el presidente tiene por los empresarios. Reconoce por un lado que el 75% de la inversión que llega al país es privada pero, al mismo tiempo, es renuente a establecer un diálogo franco, abierto y constructivo con los sectores que representan esa inversión. Quiere la inversión pero no a los inversionistas. Pretende impulsar programas sociales pero no comparte esa intención y no hace partícipe de la misma al sector privado. Cree, o parece creer, que la inclusión es suya o de su gobierno y no está dispuesto a incluir a nadie más en esa tarea y en ese objetivo.

 

Hace pocas semanas estuvo en Lima el ex primer ministro inglés Tony Blair y dijo muchas cosas importantes pero cito tres ideas: 1: “El propósito de un gobierno no es empobrecer a los ricos” 2: “Prácticamente en todas partes está claro lo que funciona y lo que no. Las colaboraciones público-privadas son esenciales”. 3: “Cuando el gobernante decide, divide. Gobernar tratando que nadie se moleste es una mala idea, es no hacer nada”.

 

Estamos aún frente a una crisis de confianza que puede convertirse en una oportunidad para enrumbar la cosas. Este es el momento. El presidente debe modificar su postura. Es necesario que lidere al país hacia adelante, con metas claras y con ideas que todos podamos apoyar. El camino del diálogo es también el camino del desarrollo.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso el 26.05.2013

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