DESEQUILIBRIO ELECTORAL

El Jurado Nacional de Elecciones, JNE, tiene la visión, según su propia página web, de ser “El organismo rector del sistema democrático, reconocido en la región por su absoluta garantía de respeto de la voluntad popular”. Su misión es “contribuir y garantizar la consolidación del sistema democrático y de la gobernabilidad del país, a través de sus funciones constitucionales legales”.

B02032016Lo recogido es una declaración lírica, formal y casi poética. En los hechos -que es lo que tenemos los ciudadanos para juzgar- este JNE se ha convertido no en un organismo rector sino en un incompetente actor del proceso electoral en curso.

A 40 días del proceso electoral al que acudiremos, más de 20 millones de electores, no es posible ni que los candidatos o sus partidos sigan en la incertidumbre sobre si finalmente estarán en la cédula de votación; ni que los ciudadanos continuemos en la ignorancia de por quien podremos votar. Y esto ocurre ante la pasividad de todos.

Cada minuto que pasa esta condición –no interesa que razón o justificación se esgrima- solo desequilibra el proceso, lo hace más antidemocrático pero además, permite que una candidatura sea favorecida. No sabemos si el JNE y sus órganos decisores como los Jurados Electorales Especiales, son plenamente conscientes del daño que están haciendo, pero a estas alturas y en la práctica, este proceso ya no es ejemplo ni de limpieza, ni de garantía ni de corrección.

El JNE vota de una forma y el JEE vota de otra, contradiciéndolo. Las apelaciones se cruzan en fechas superponiéndose y haciendo que la confusión se extienda no solo a los expertos en materias electorales sino a los medios y, en mucha mayor intensidad, a los electores que miran atónitos e impotentes este festín de resoluciones que no resuelven nada.

No deberá extrañarnos que el Dr. Francisco Távara, autoridad máxima de este ente electoral, baraje la posibilidad de –ante la lluvia de tachas y pedidos de nulidad, y apelaciones; y ante el derecho “superior” de participación política- solicitar una ampliación del plazo y, por consiguiente, una modificación del cronograma electoral. Hecho que de producirse sólo tendría un único beneficiario que es la dupla todavía instalada en palacio que, ante estas “extraordinarias circunstancias no deseadas por nadie” tendría que replantear todo el proceso. En pocas palabras se le daría a Ollanta Humala o, mejor dicho, a Nadine Heredia el poder para negociar su salida y la impunidad que necesita.

No nos confundamos. En esta campaña hay varios candidatos-marionetas que se mueven al compas de intereses que nada tienen que ver con el pueblo peruano y sus anhelos y preocupaciones. Nos queda a los ciudadanos estar atentos y alertas porque librarnos de este gobierno de incapaces, y prevenirnos de uno nuevo de igual o peor calaña, nos va a costar Dios y su ayuda.

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