DE ZAVALA A ARÁOZ, MUCHO QUE APRENDER

Hay un nuevo gabinete presidido por Mercedes Aráoz y hay nuevos ministros en Economía, Educación, Salud, Justicia y Vivienda.  La tensión parece haber bajado y el ambiente de esperanza parece nuevamente invadirnos. Bien por todos. Habrá, sin duda, tiempo suficiente para analizar, en las horas y días siguientes, las perspectivas del Gabinete Aráoz. Sin embargo, es necesario revisar –quizá, por última vez- lo acontecido con el saliente Gabinete Zavala, en el plano político. Y digo que es necesario porque si no se hace y si no se revisa con cuidado se puede perder la oportunidad de aprender de lo ocurrido.

B17917Hay lecciones que recoger; para insistir en lo bueno y para no volver a repetir lo malo.

En lo bueno me parece justo reconocer en Fernando Zavala su honestidad y entrega absoluta. Pudo y, de hecho, ha cometido errores, pero sería injusto y falso decir que alguna equivocación fue porque hubo detrás un interés personal. Fernando Zavala entró y sale del gobierno, con el agradecimiento que, en verdad, hay que darle por el trabajo de intentar darle un sentido orgánico al gobierno de PPK. Las reuniones con los gobiernos regionales (GORES) fueron un acierto, al igual que su política de acercar el gobierno a los ciudadanos (PAQUETE SIMPLIFICADOR), su impulso social (PLAN 150 MIL) y el destrabe de ciertas obras como la Línea 2 del Metro de Lima y la Pista 2 del Aeropuerto Jorge Chávez. Esto último, por cierto, merito compartido con Bruno Giufra, que terminó siendo el ministro que los peruanos deberíamos poder clonar.

La complejidad política de tener una oposición con mayoría congresal simplemente lo desbordó y no supo manejar tamaña coyuntura, aunque hizo muchos intentos plausibles. Creo que, en general, Zavala deja, como lo señaló él -en su presentación ante el congreso por la sustentación del presupuesto para el 2018- un país con varios temas institucionales en marcha y en el camino económico correcto. Vamos a volver a crecer gracias a la coyuntura internacional pero también a las correcciones adecuadas que son el principio de un cambio que, seguramente, veremos todos los peruanos pronto. El 2018 será mejor.

Pero en lo político Fernando Zavala cometió hasta tres errores gruesos, que fueron construyendo su derrotero final porque alimentaron la frustración y la molestia de quienes quisieron ayudarle dentro o fuera del gobierno, desde el ejecutivo o desde el legislativo.

En primer lugar, Zavala nunca comprendió que quienes habían sido útiles para ganar la elección, no lo iban a ser para gobernar. Mientras que para lo primero los antifujimoristas y los caviares fueron funcionales, para lo segundo ni estaban en la capacidad ni tenían interés en plegar sus banderas de guerra. Para los antifujimoristas y los caviares –pasajeros de último minuto del ppkausismo- el oxígeno es la confrontación y no hay vida más allá del fujimorismo. Viven o, mejor dicho, sobreviven solo por él. No tienen ni propuestas ni planes y solo saben crear alucinadas historias de conspiración, vacancia y demás. Ante la falta de una estructura política, de un partido o guía, y de una bancada parlamentaria mínimamente orientada, Fernando Zavala compró ese discurso. No sólo escuchó más de una de esas historias alucinadas, sino que contrató a lo más servil, oportunista y termocéfalo de ese caviaraje. Así, sus asesores políticos, estuvieron formados por blogueros y blogueras que se ofrecieron desde la campaña electoral y que cada vez que Zavala se los permitió, le ayudaron a replicar ese lenguaje de segunda vuelta: virulento y ausente de verdad. Ese tono, lamentablemente, también fue eco en ministros que desde diversas carteras amplificaron ese pensamiento y, por lo tanto, construyeron irresponsablemente barreras para el entendimiento.

En segundo lugar, Zavala minimizó –siguiendo el ejemplo del presidente de la república- la importancia de la política. En agosto de este año, según una encuesta nacional de GFK, el 84% de los peruanos rechazaron la frase que PPK dio en una entrevista a la revista Caretas: “Los llamados politólogos y editorialistas dicen que hay que hacer política, pero al peruano que va en su combi al trabajo, la política le importa un pepino”. Al parecer, el Presidente de la República y el Presidente del Concejo de Ministros, no entendieron el concepto de política desde el punto de vista aristotélico, que es -a saber- la preocupación por la “polis”, es decir, la ciudad, la población y sus problemas. Zavala se distanció del partido de gobierno, de parte de su bancada congresal y pechó innecesariamente al Congreso, alentado siempre por sus “asesores” y por algunos ministros con agenda propia.

En tercer lugar, Zavala no supo comunicar una visión de país. Es decir, no logró mostrar el rumbo y el destino común para todos los peruanos. Consumió su tiempo en demasiados frentes y sumó a su difícil cartera de PCM, la aún más compleja cartera de Economía y Finanzas. Así, sin más horas que las que tiene el día y sin más días que los que tiene la semana, terminó asfixiado, sin poder ver ni mostrar a los peruanos un horizonte claro.

Dicho esto, hay que agradecerle a Fernando Zavala por lo bueno. Pero para que su paso haya sido realmente fructífero, es menester recoger las lecciones.

Los aparatos electorales no siempre sirven para gobernar porque son –por su propia naturaleza- renuentes al consenso, al acuerdo y al armisticio político. Un equipo electoral está hecho para combatir y no, necesariamente, para gobernar. Máxime aún si, como ocurre con el gobierno de PPK, los que lo ayudaron a ganar en junio del 2016 son solo filibusteros que viven de campaña en campaña o están siempre en “modo guerra”, porque solo saben azuzar y para eso inventan fantasmas.

Luego está darle a la política el verdadero nivel e importancia que tiene. Yo sí creo que la mayoría de peruanos que toman combi están interesados en la política porque saben que les puede afectar. Y, más bien, el gobierno debería ser el primer interesado en que todos los peruanos estemos al tanto y al cuidado de lo que hacen: la política y los políticos. Así que, si el gobierno no lo hace, hagámoslo nosotros; hablemos más en el trabajo, en el centro de estudios y en cada casa; en el seno familiar. La política debe ser el centro de la conversación. Eso es hacer patria.

Finalmente, aún falta modelar esa visión de Perú que todos queremos tener. Y por ello debemos perseverar no mirando lo que nos puede separar, sino aquello que, por historia, por presente y por mañana, nos debe unir. Hay que seguir en la búsqueda de esa piedra angular, pero no hay que desanimarnos en el camino.

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