De la plausible liberación a la torpe obsecuencia

El Gobierno del Presidente Humala ha dado muestras, en la últimas semanas, de actuar con eficacia y eficiencia y que en ciertos temas toma el toro por las astas y actúa buscando resultados. El caso de los 36 trabajadores secuestrados por narcoterroristas y liberados, luego de una férrea presión de fuerzas combinadas del Ejército, Fuerza Aérea y Policía Nacional, es el claro ejemplo de una acertada decisión política que propició su liberación. Hasta aquí todos podemos estar de acuerdo con la plausible tarea.

 

Pero el Presidente demuestra poca sensatez cuando señala desde Colombia – donde se encontraba asistiendo en representación del Perú- que fue una “operación impecable” cuando ya sabía no sólo de la muerte de la Capitana (PNP), Nancy Flores Paucar y la desaparición de 2 efectivos en ese mismo enfrentamiento, sino porque  además conocía la muerte de otros cuatro efectivos además de 10 heridos.

 

El gobierno debe aprender a diferenciar lo plausible de la obsecuencia o sumisión en que es fácil caer por ausencia de equilibrio en el análisis de los hechos. Poco ayudan los asesores nacionales o extranjeros que quieren ganar su pan sobredimensionando los acontecimientos y haciendo daño no sólo al Presidente sino al Gobierno y finalmente a todos los peruanos.

 

Decir que ha sido una “victoria impecable” cuando hay muertos, desaparecidos y heridos es torpe. Ufanarse que “gobiernos anteriores no resolvieron el narcotráfico en VRAE y menos en el Alto Huallaga” y que este sí lo está haciendo es de un triunfalismo infantil. Insinuar mezquindad cuando no se repite el coro oficial es ramplón.

 

La opinión pública sabe perfectamente que la batalla del VRAE recién comienza y que deberemos tener una FFAA no sólo mucho mejor preparada –cosa muy difícil-  sino que debemos estar muy atentos para que no se produzcan más secuestros de más trabajadores como los que hemos vivido en esta última semana. Por eso apresurarse a decir que hay resultados mejores que en otros gobiernos o que hemos derrotado al enemigo no corresponde ni a la realidad ni al buen juicio del más desprevenido.

 

El Presidente no debe confundir mezquindad con crítica constructiva, libertad de opinión con desinformación, y menos, lealtad con obsecuencia. La democracia que necesitamos fortalecer no va a crecer a la sombra de sumisiones sino a luz de la verdad.

 

Alfonso Baella Herrera

www.baella.com

  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • Google Buzz
  • LinkedIn
  • Tumblr
  • Yahoo! Bookmarks
  • E-Mail

Leave a Reply