CRISIS PREMONITORIA

Cuando terminó la primera vuelta del 2011, la Alianza para el Gran Cambio, había logrado colocar a 12 congresistas. Los partidos, Popular Cristiano, Partido Humanista del Perú, Restauración Nacional y Alianza para el Progreso, bajo la candidatura presidencial de PPK, habían logrado conformar este variopinto grupo congresal. Más allá de los acuerdos, las declaraciones y hasta las promesas de mantenerse juntos, la realidad es que a los pocos meses se inició el desmembramiento y para la segunda legislatura ordinaria, a mediados del 2012, la Alianza para el Gran Cambio ya no existía más como bancada y PPK no pintaba en lo más mínimo. En apariencia los partidos de la alianza usaron a PPK para ingresar al congreso y PPK los usó a ellos para promoverse, manejar la bancada y reposicionarse. En el 2016 ninguno volvió a juntarse con Kuczynski y cada uno fue por su lado en la primera vuelta.

B04052016En la renovada propuesta electoral con miras a las presidenciales del 2016, construida sobre la base del partido “Perú +” de Salvador Heresi, PPK rechazó alianzas quizá envalentonado con el sueño del partido propio. Sin embargo, desde el principio, le jugó mal a Heresi y en las elecciones municipales del 2014 se apresuró en lanzarlo como su candidato y luego simplemente lo abandonó.

Lo que estamos viendo ahora en esta guerrita de recriminaciones o de luchas por el micrófono en la vocería de la campaña de PPK podría ser el principio del mismo fenómeno que en el 2011 llevó a que de los 12 congresistas que ingresaron con el sello de PPK no quedara ninguno. ¿Por qué? Porque hacer un proyecto político y, más aún, un partido político, es mucho más complejo que juntar un grupo de amigos para hacer un negocio. Sobre la mesa de una organización política no se acatan ordenes sin dudas ni murmuraciones, no se obedece al jefe incondicionalmente, ni se exige sumisión al accionista principal; en un partido político, que se precia de tal, tiene que haber convencimiento en la capacidad del líder y, sobre todo, compromiso con el objetivo supremo de proveer –bajo cualquier ideología- bienestar a la sociedad sin mezclar intereses personales y, más aún, económicos o de grupos determinados. Si alguien descubre que está siendo utilizado para otro fin promoverá la implosión en el corto o en el mediano plazo. La historia reciente es la mejor hoja de ruta para saber qué puede pasar.

Muchos se empiezan a preguntar, reflexionando sobre esto que acaba de ocurrir al interior del partido PPK, si Pedro Pablo quiere ser presidente del Perú por un acto de vanidad o si realmente le interesan la pobreza, los pobres, la falta de agua, nuestra condición de país en vías de desarrollo, etc. También, si a través estas carencias alguien de ese grupo de amigos visibles o invisibles está viendo oportunidades más allá de las puritanamente sociales. Es un dilema que las ánforas resolverán pronto

Abraham Lincoln, tiene una frase muy a tono con esta coyuntura de nuestra historia política. “Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder”. Cada cinco años nos preguntamos a quien y a quienes queremos darles poder y por eso será bueno reflexionar sobre el carácter de quién queremos que gobierne por los próximos cinco años y si son capaces -los elegidos- de mantenerse unidos, comprometidos y poniendo al Perú por delante sobre todo de sus propios intereses.

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