¿CÓMO PASAR A LA HISTORIA?

Desde el fin del proceso en la Corte Internacional de Justicia en La Haya donde parecía que periodistas, medios, políticos, líderes y sociedad en general procurábamos un solo objetivo -detrás del gobierno- no se ha vuelto a tener esa sensación de unidad ni de claridad en el rumbo ni en el destino de la nación. Es decir, no parece haber una idea de gobierno suficientemente clara sobre la cual consensuar. Peor aún, desde la salida del premier César Villanueva, no queda claro quien manda y, por eso, escuchamos las evidentes contradicciones entre quienes se supone deberían estar totalmente coordinados pero en los hechos no lo están.

 

Cuando el premier Cornejo dice algo, no falta un vocero del oficialismo que lo “interpreta” hasta casi contradecirlo. Recordemos el comunicado de prensa emitido el Lunes pasado –en cuya virtud el PPC cambió su voto y le dio la confianza al gabinete- que señalaba “No se va a permitir ningún tipo de intromisión” y luego, las declaraciones del presidente del congreso y del propio presidente de la república que más bien decían otra cosa. O la RMV que habiendo costado un “primer ministro” y habiendo sido enfático el ministro Castilla y más rotundo el presidente Humala en que no está en la agenda del gobierno, termine por ponerse en lugar estelar hace sólo unas horas por boca del mismo flamante premier.

 

Johann Wolfgang Von Goethe decía que “Aprender a reinar es fácil, a gobernar, difícil”. Y quizá valga, por eso, la reflexión sobre cómo ayudar al gobierno de Ollanta Humala a lograr esos consensos que permitan la conducción de la nación.

 

Aquí tres ideas que pueden servirle: La primera es dejar de pelearse con la oposición política. Ese constante enfrentamiento, que quizá algún ministro sugiere, no es ni bueno ni útil y desde afuera del gobierno sólo muestra debilidad y fortalece a su “supuesto” rival. La segunda es mostrar resultados positivos inmediatos. Las inversiones son un espacio. Hay 56 mil millones de dólares en minería esperando y 32 proyectos en hidrocarburos paralizados por la burocracia. Hay que convertirlos en realidad, pero ya. En tercer lugar hay que dejar la soberbia en el closet. El poder es efímero y por lo tanto si se luchó tanto por llegar sólo para vanagloriarse –o tener esas actitudes-, en lugar de servir con humildad, se comete un error; y se pierde una oportunidad.

 

Si ninguna de las tres anteriores se puede, es decir, no se quiere dejar de pelear, no hay como concretar inversiones y se insiste en el tono beligerante, hay una sola que sería más importante que todas juntas: llegar al cambio de gobierno. Sería estupendo que el 2016 todos los peruanos acudamos a las urnas democráticamente, en el marco de un proceso electoral ejemplar, y elijamos en libertad a nuestro próximo presidente. Ese bien puede ser el objetivo de consenso que este gobierno podría fijar y que todos apoyaremos unánimemente. Quizá los peruanos podamos recordar a Ollanta Humala porque hizo eso y sólo eso, que será más que suficiente -dados sus antecedentes- para pasar a la historia.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado por Expreso el 23.3.2014

  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • Google Buzz
  • LinkedIn
  • Tumblr
  • Yahoo! Bookmarks
  • E-Mail

Leave a Reply