Brillo que opaca

El Congresista Maurico Mulder (PAP) dijo, en Willax TV, algo que muchos perciben sobre el presidente Ollanta Humala: “…si su propia mujer es la que reemplaza sus puntos de vista y además deja a entrever que ella conduce, manda, dirige, ordena, usa el avión presidencial, pone ministros y no se desmienten esas cosas, el primer menoscabado en el liderazgo es él”.

 

Es decir, lo que para el entorno presidencial es motivo de guiños, sonrisas o palmadas en la espalda, sobre todo, cuando le traen a la primera dama los sondeos que la ponen muy por encima del presidente de la república, para otro grupo, lejos del poder, es la evidencia que el presidente no es la última palabra, no manda y que hay un poder más allá del poder.

 

Señalar esto es alertar sobre algo que parece irrelevante – para algunos mezquino- pero que está socavando al gobierno y puede convertirse en un problema para el Estado y para la gobernabilidad del país, porque en política una cosa es lo formal y otra cosa, bien sabemos, lo real. Una cosa es ser presidente y otra tomar decisiones “en nombre” o “por encargo” del presidente. Es bueno no olvidar que el poder siempre es un juego de apariencias y, por ello, en un país tan informal, a todo nivel, como el Perú, esta suerte de empoderamiento político, esta presidencia por encargo que ejerce la primera dama no fortalece al presidente sino lo debilita. No se discute su influencia positiva, su carisma, su compromiso, ni menos su derecho a hacer política –sin forzar, por cierto, cambios constitucionales ni buscar leyes con nombre propio para convertirse en candidata presidencial- sino la posición que le corresponde en esta coyuntura al ser la esposa del presidente. Nadine es importante, necesaria y útil pero no delante ni al lado, sino detrás del presidente. Esta no es una posición machista sino estratégica. Hoy más que nunca el presidente debe ser fortalecido.

 

La multiplicación de las protestas sociales y la desobediencia civil “de facto”, que va a agudizarse y extenderse en otras regiones y lanzar otros liderazgos antisistema,  son sólo una muestra de una erosión que, seguro sin querer, la primera dama está generando. Es como una gota de agua que no cesa de caer sobre una roca. No destruye, no pulveriza, no quiebra instantáneamente, pero, con el tiempo, pueden partirla.

 

Contrasta con Michael Obama -esposa del presidente de Estados Unidos, con una aprobación de 80% y con un perfil más bien bajo y extremadamente prudente- que dijo, al hacer un balance sobre la experiencia de ser primera dama de los Estados Unidos: “el poder no cambia lo que somos, muestra lo que somos”. Nadine Heredia está mostrando lo que es. Una de las revelaciones más atractivas de la política peruana de los últimos tiempos, pero tiene que ser ejemplar porque muchos peruanos ven en ella liderazgo auténtico, y entonces debe acariciar una palabra mágica que pocos políticos peruanos conocen y que es indispensable para cambiar las cosas: paciencia. Hoy Nadine brilla, pero ese brillo opaca a quien más debe iluminar.

 

Alfonso Baella Herrera

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