AMIGOS EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS

 

 

No se puede, o mejor dicho no se debe, ir por la vida construyendo relaciones para después, y según el mérito de la coyuntura, asumir repentinamente una crisis memorística para negarlas. Hacerlo públicamente trae varios problemas en la vida real y también en la política.

 

Por un lado está la persona misma con quien se manifiesta la inexistencia de contacto alguno. El “si te ví no me acuerdo” deja muy mal la relación al punto que puede forzar al “negado” a tomar una posición de revancha y “sinceramiento” que, en su oportunidad, puede terminar siendo fatal si existen pruebas concluyentes, consentimiento mutuo y cercanía real en esa relación pasada “olvidada”. Decir de alguien -con quien se compartió experiencias y sueños- no soy su amigo sabiendo que es mentira destruye la relación; y convierte al negacionista por lo menos en un cínico. El historiador y educador, Phd, Paul O’Shea ha escrito sobre el negacionismo diciendo: “Es el rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable. Es en esencia un acto irracional que retiene la validación de una experiencia o evidencia histórica”.

 

En el otro lado de este acto “irracional” están los espectadores que ven una conducta, con la que pueden o no estar de acuerdo, que denota una catadura moral por lo menos cuestionable; muestra además desesperación, miedo y, en el fondo, falta de coraje para enfrentar las cosas; “manque de courage” como dicen los franceses.

 

La sensación de una persona que niega a sus amigos, por más delicada que sea la situación, es que mañana lo hará con cualquiera. Pero además representa la escasa valoración de las formas y del fondo; y reduce todo a un modelo utilitario informal y peligroso según el cual todo funciona mientras me sirva.

 

Esto -que en las relaciones domésticas ya es un problema- cuando ocurre en la política, a vista y paciencia de todos, se vuelve decepcionante. Por eso la negación de la amistad de Martin Belaunde Lossio por parte de un sinnúmero de personas vinculadas a la política y alrededores, es un mensaje tremendo cuyas consecuencias apenas hemos empezado a ver. Los amigos y las relaciones personales y hasta profesionales son tales en las buenas y en las malas sino todo se convierte en una farsa. La política y la vida misma es docencia y decencia; recordémoslo siempre.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

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