7 HIJOS, 7 NIETOS, UNA MOTOSIERRA Y LA VERGÜENZA NACIONAL

 

 

El parcial incumplimiento del pago de una motosierra de 1,500 dólares por parte de un padre de familia cajamarquino, Fidel Flores de 62 años, es el origen de la deuda, que se convirtió en un embargo sobre su casa y la justificación para que una Jueza ordenara un operativo que en su ejecución fue desproporcionado, abusivo y criminal.

 

Las imágenes que circulan desde el Jueves pasado en todo el mundo muestran, por un lado, a un hombre intentando defenderse a pedradas desde el techo de un pequeño predio, junto a su hijo y esposa; y por el otro, a medio centenar de policías con bombas lacrimógenas y escopetas, secundados por matones a sueldo, junto a una jueza, presente, Carmen Araujo del Segundo Juzgado Civil de Cajamarca, que lejos de detener el operativo pese a la falta de garantías, convalidó las violentas acciones que desembocaron en este asesinato. (Ver video de operativo: http://bit.ly/10KohPy)

 

A estas alturas se sabe que Fidel Flores, padre de siete hijos y siete nietos, fue asesinado como consecuencia de recibir, por lo menos, 60 perdigones en el pecho provenientes del arma de un efectivo policial. Las imágenes evidencian lo ocurrido pero lastiman por la forma como después de caído y producto del disparo fatal, Flores, es golpeado a patadas y varazos a manos de policías uniformados, suerte que siguen su hijo y esposa que intentaron socorrerle ante la gravedad de las heridas.

 

Los hechos son los que hemos presenciado. La responsabilidad penal y funcional deberá establecerse. Por lo pronto se han relevado a los jefes policiales y a los efectivos comprometidos. También se ha identificado plenamente a quien hizo el disparo fatal. El Ministro del Interior reconoció que hubo “un exceso a la vista”. El Presidente Humala, por su parte, señaló “Hemos visto un acto que nos deja preocupados y nos avergüenza”.

 

Pero el velorio de Fidel Flores es en la calle, al lado de la vivienda que defendió a pedradas y con su vida. Ese escenario es, también, el espacio para la justificada indignación popular. Se han producido marchas y enfrentamientos en varios barrios en Cajamarca. No podía ser de otra manera. El pueblo cajamarquino protesta sin saber si alguien lo escuchará y menos si se hará justicia.

 

Si esto hubiera ocurrido en el mesocrático San Isidro en Lima ¿Qué hubiera ocurrido?¿Cómo lo habría cubierto la prensa?¿Qué cabezas habrían rodado?

 

Pero ha sido en la distante Cajamarca; la que “vota contra” la inversión de las empresas mineras, la “cómplice” de Santos, la “ignorante”. ¿Qué país estamos construyendo?¿Qué ejemplo estamos dando a nuestros hijos?¿Un cajamarquino puede valer menos que un sanisidrino?

 

Lo ocurrido es muy malo. Debería llevarnos a una profunda reflexión. La incapacidad para conmovernos es pasmosa; la actitud de las autoridades es penosa; y la certeza que la impunidad volverá a triunfar es abrumadora.

 

Las consecuencias políticas de este hecho tienen que tener responsables. La repercusión de un crimen así no puede terminar sólo con un policía detenido, un jefe relevado y una jueza –en el peor de los casos, investigada-. Si los peruanos estamos dispuestos a pasar la página frente a un hecho tan bárbaro nos estamos poniendo la soga al cuello. En cualquier democracia, medianamente valorada, el ministro no hubiera durado 24 horas. Aquí la permanencia del General (r) Daniel Urresti, como Ministro del Interior, ofende y avergüenza. Lo ha reconcido el presidente pero en lugar de portarse como un líder prefiere cargar toda la responsabilidad a los ejecutores y ni siquiera mirar al responsable del portafolio.

 

La impresión que nos deja es que, mientras su ministro preferido siga con las encuestas arriba, podrán haber muchos más casos como este pero será intocable. Que error tan grande no sólo del presidente, también de la primera ministra, de la clase política y hasta de un sector de la prensa que mira para otro lado. ¿Dónde están Keiko, PPK y Alan que no se pronuncian?

 

Esta es una historia triste que nos está permitiendo descubrir la verdadera y minúscula dimensión de quienes se reclaman conductores (as) de nuestra nación. Hoy es el día de los muertos que deberíamos cambiar por el de la vergüenza nacional si no reaccionamos dando mensajes clarísimos de intolerancia hacia los responsables políticos de crímenes como este.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Semáforo Electrónico

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